¡Cómo me gusta la gordita!

Doctor Amor:
Me atrevo a escribirle, porque leí la gran cantidad de cartas que pueblan su consultorio y además de encontrar infinidad de casos y situaciones, veo que Usted y los profesionales que lo secundan, responden con un respeto y criterio poco común. Mi caso es bastante particular, pero creo que a muchos puede haberle ocurrido algo similar.

Trabajo en una oficina administrativa en la Capital Federal (Buenos Aires). Somos alrededor de 20 personas -10 hombres y 10 mujeres- que compartimos ocho horas de nuestra vidas, todos los días hábiles de la semana. Con la actual situación que vivimos, lamentablemente estamos trabajando con mucha presión, tensionados y asustados por la posibilidad de que la empresa cierre y quedemos sin nuestra fuente de trabajo. Pero por suerte, todos somos muy jóvenes -promedio 20 años- y solteros. Cosa que en cierta medida nos beneficia en caso de que ocurra algo como lo descrito anteriormente, ya que no tenemos una familia ni chicos que debamos mantener. Esto es algo que relativamente nos tranquiliza. Somos un grupo bastante homogéneo desde el aspecto laboral y también los somos desde lo personal. Los hombres de la oficina dos veces a la semana jugamos al fútbol, haciendo que nos mantengamos en un excelente estado físico. Las chicas -nueve de ellas- se preocupan en estar bien físicamente, yendo varias veces a la semana a un gimnasio que está a la vuelta de la oficina. Es decir, es un verdadero gusto trabajar con gente «linda» y atractiva. Porque se hace todo más «interesante». Pero como verá, doctor, dije que nueve de ellas van al gimnasio y cuidan su apariencia física. Porque la décima es » Laurita «. Ella, es una persona encantadora, pero pesa 120 kilos y mide 1,60 mts. de altura. Verdaderamente parece una heladera con frezzer -doble puerta-. Pero sustituye a su fealdad con su hermosura interior y su don de buena persona. Pero debo contarle la cuestión que genera mi consulta. Hace quince días la empresa cumplió 2 años de vida. Los jefes nos indicaron que no podían realizar ningún tipo de festejo, por falta de dinero, pero que nos proponían, que hiciéramos algo por nuestra cuenta, dejándonos la oficina a nuestra disposición. ¡Bárbaro!…dijimos al unísono. Algunos llevarían comida, otros pondrían la música, y muchos llevaríamos cantidad de beberaje como para pasar una verdadera anoche de festejos. Porque todos queríamos olvidarnos un poco de las presiones laborales. Así fue. A partir de las 10 de la noche de un viernes, todos -los 20- comenzamos a disfrutar de una noche de música, baile, comida y mucho consumo de bebida. Y comenzamos con cerveza, luego pasamos a unos whiscachos y terminamos con un refrescante champagne. Lógicamente, jóvenes como somos, y quizás con poca experiencia, la bebida nos pegó más fuerte de lo que correspondía. Algunos lloraban sentados en alguna silla, otros intentaban pelearse con frases como: «a mi nadie me quiere», o «mi dinero no vale». Otras se desinhibían comenzando un desenfrenado streptease, quedando como Dios nos trajo al mundo. Otros reían desenfrenadamente. Y también estaban aquellos que se descompusieron, vomitando en cualquier cajón de escritorio que se encontraba abierto. Lamentablemente, en esa categoría estuve yo.
Tan mal me sentía que me fui al archivo, y me senté en el piso con la espalda apoyada en la fotocopiadora. De repente, veo que se abre la puerta y aparece Laurita. Con parte de su ropa en una mano, en la otra llevaba una botella de champagne a medio llenar. Creo que estaba en bombacha y corpiño. Su inmensa anatomía, se paró delante de mí, y derramando el líquido de la botella sobre el centro de sus pechos, me dijo: «-¿No querés tomar de acá, un poquito más de champú? …
Desperté en el sanatorio Ottamendi, con suero en mi brazo y mi vieja retándome y hablando de la irresponsabilidad de los jóvenes de hoy en día. Al lunes posterior, todos estábamos hechos medio pelota. Algunos todavía le dolía la cabeza, otros no podían comer ni una galletita Criollita y estaban también aquellos que no se atrevían a mirarte a los ojos. Pero lo que más me llamó la atención, fue como estaba Laurita. Radiante, exultante, con una eterna sonrisa. En cuanto me vió, cariñosamente me saludo y me dijo: «Papito, tenemos que repetir. Veo que tomar el champú te gustó, pero lo posterior, FUE SUBLIME….león!!!!!!!»
Doctor, a partir de ese momento imaginó todo tipo de cosas. Desde las más infantiles hasta las más soeces y ominosas. Por favor, que piensan ustedes sobre esta situación.

Martín de Capital. Buenos Aires


Respuesta del DR AMOR:

Estimado Martín:

Como decía Muñoz: «-¡Que mal le hace esto al deporte argentino…!»
Martincho querido. No debes hacer corretear a tus ratones dentro de esa cabecita que Dios te dio. Por como describiste la fiesta y lo que fue ocurriendo a medida que avanzaba el consumo de alcohol, te decimos que creemos que ocurrió, exactamente lo que vos pensás. Imaginemos ese cuerpo voluminoso, vestido apenas con su ropa interior, inundada con champagne, incitándote a que se generen el movimiento de tus más bajos instintos. Entendemos que en algún momento te desmayaste por el exceso de consumo de alcohol, o porque la situación te sobrepaso, o porque la gorda se te tiró encima, y te sacó todo el aire. Pero lo importante es ver como se sale de esta situación. Lo mejor es sentarse a hablar con ella, y charlar sobre lo que pasó. Lógicamente, pueden ocurrir diversas situaciones, a saber:
1) Ella te dirá que hicieron el amor desenfrenadamente y que quiere casarse con vos. (ya que con seguridad manifestará que también entregó su virginidad en este acto)
2) Te darán ganas de vomitar nuevamente.
3) Le dirás que no recordás nada y que todo fue un error.
4) Ella te dirá que haciendo el amor sos una fiera irrefrenable.
5) Le dirás que sos homosexual, y que tu pareja es Juan Castro.
6) Ella te dirá que no conocía «la doble Nelson».
7) Vos dirás que tampoco.(no le pidas que te la explique)
8) Le preguntarás si tiene un diu puesto, toma pastillas o utiliza algun sistema similar.
9) Te invitará a tomar un champucito a la salida de la oficina.

Lo más conveniente, sería que intentes mudarte lejos, cambiar de trabajo. Podés solicitar trabajo en la NASA norteamericana, como austronauta con misión en el próximo viaje a Marte. Quizás te pongan de compañero a alguna perrita o monito. Y cuando extrañes…acordate de Laurita y aquélla noche.
Eso si, si decidís seguir trabajando en la oficina, por favor, volvé a escribirnos dentro de…..y…..más o menos…….¡nueve meses!.

Dr. Amor