La caja de seguridad

Estimado Dr. Amor:

Soy bancario desde hace 20 años. Estuve en casi todas las secciones del banco. Fui cajero, estuve en administración, atención al público en cuentas corrientes y en los últimos tiempos me han asignado a la atención de los clientes que quieren abrir sus cajas de seguridad. Como imaginará -en la actualidad- este trabajo es intenso, y de tiempo completo, ya que desde que se abre el banco hasta que cierra, debo estar yendo y viniendo continuamente hacia la bóveda donde se encuentran las cajas de seguridad.

El otro día vino una clienta que no conocía, o que al menos nunca había visto. Una mujer que me llamó poderosamente la atención por su penetrante mirada. Morocha de pelo lacio hasta la cintura. A pesar de ser una mujer de alrededor de 50 años, con un cuerpo digno de una modelo -no flacucha, sino como las de antes- con formas y con lo que hay que tener, exactamente en el lugar indicado. Su vestimenta muy normal, con un pantalón ajustado y una blusa con mangas, que le quedaba muy bien. Vino a abrir una caja que tiene conjuntamente con su esposo. Realizamos los trámites de verificación de su documento y nos dirigimos hacía el sótano donde están las cajas y los cuartito donde cada cliente realiza, en privado, la apertura. Fuimos hasta su caja, pusimos cada uno la llave correspondiente y se abrió la puerta. En ese momento me voy retirando mientras ella saca la caja del habitáculo. Cuando voy llegando al comienzo de la escalera, me dice: -Perdón, ¿no me ayudás a llevar la caja al privado porque está muy pesada?. Aclarándole que no es lo habitual, saco la caja -que realmente pesaba horrores- y entramos al privado donde hay un escritorio y dos sillas. Cuando estamos los dos adentro, ella cierra la puerta y pone el pasador. «Creo de debo retirarme, la apertura debe ser en privado…» comenté con media voz, haciendo alarde de mis conocimientos del reglamento bancario. -Te vas a ir, luego de que hagamos algo…- me dijo clavándome la vista y comenzando a abrirse la blusa. En ese momento no supe que hacer. Intenté sacar el pasador de la puerta y abrir para salir corriendo. Pero ella se me tiró encima y comenzó a besarme salvajemente. Quería gritar pero me parecía de poco hombre y menos en una situación así. Ya estaba sin su blusa, con el pantalón todo desabrochado, mostrando parte de su deseable y atractiva anatomía. En un momento pude zafar de su fuerte acoso físico, destrabe la puerta y salí corriendo hacía la planta baja. Me senté en mi escritorio y esperé que ella saliera. Mientras que hacía que miraba unos papeles, los clientes que estaban esperando abrir sus cajas me clavaban la vista al verme transpirado con cierta agitación. A los 5 minutos veo subir su escultural figura por la escalera. Venía tal cual había entrado. Bien vestida, peinada y como si nada hubiera pasado. Se acercó hasta mi escritorio y me dijo: «Sos un boludo».
Nunca más volvió al banco. A veces viene su esposo a abrir la caja pero de ella no supe más nada. Dr. Amor, realmente me siento como lo que ella me dijo que era. No se si llamar a la casa -porque tengo los datos en los registros- o dejar que lo que me ocurrió, pase a ser sólo un recuerdo anecdótico. Espero sus comentarios.

Anacleto de Quilmes. Buenos Aires


Respuesta del DR AMOR:

Estimadísimo Anacleto:

Hemos quedado sorprendidos con el relato de tu carta. Porque estamos viendo que en los últimos tiempos, cada vez son más las mujeres que acosan o abordan a los hombres. También nos pareció sorprendente como alguien puede pensar en algo más que nos sea el famoso corralito, la cotización del dólar o el futuro de nuestro país. Pero por lo visto, esta mujer pensaba en hacer otra cosa. Creemos que tu reacción espontánea ha sido correcta. Porque estabas en tu trabajo, debías mantener tu postura, y además no conocías a esa mujer. La cuestión es dilucidar que hubiera pasado si todo hubiera sido algo diferente. Si esa mujer hubiera sido una clienta que conocés, que te gusta y se te presenta la misma situación. ¿Cuál hubiera sido tu reacción?. Además creemos que la señora tenía una gran expectativa de tener sexo con vos, en ese ámbito y en esas circunstancias. Recordemos que la «croqueta» de cada uno trabaja con diferentes estímulos. Quizás ella encontró en esta situación una verdadero estímulo de excitación. En relación a que querías gritar, y te pareció que no correspondía, te comentamos que los hombres gritan, lloran, se hacen pis y lo otro, como cualquiera. Lo que si no era conveniente desde el aspecto de lo que hubiera ocurrido con tu trabajo. ¿Te imaginás que entren tus superiores porque estás gritando y ven la escena: ella semidesnuda al lado tuyo y vos diciendo que una clienta te está acosando? Creemos que en este momento estarías buscando trabajo.
Querido Anacleto, no pienses que sos un bolu….. como dijo ella. Quizás lo aparentes. Pero por si acaso no cuentes a tus amigos del bar lo que te ocurrió. Además, ¿quién fue el turro que te puso ese nombre? Si podés, usa otro… por el tema de las apariencias.

Dr. Amor