La cantante y actriz tenía 82 años y una larga trayectoria artística en la escena local
“¿Cantaría hasta el último día de su vida?”. Esa fue una de las preguntas que se le hizo a la cantante y actriz Marikena Monti para una sección de LA NACION llamada Autorretrato. Y su respuesta fue: “Me gustaría que se cerrara el telón de una función y morir en el escenario a telón cerrado, como Josephine Baker”.
No siempre los finales son como uno los espera. Pasa en las películas, pasa en la vida misma. Sin embargo, para los que piensan que lo importante es el camino recorrido, Marikena, que falleció el sábado 17 de enero, a los 82 años, seguramente pudo darse por satisfecha.

Marikena -como se suele decir en el ambiente artístico- se fue de gira. Aunque no trascendieron las causas, la noticia fue confirmada desde la Secretaría de Cultura de La Nación. “Hoy despedimos a Marikena Monti con una tristeza inmensa. Se va una artista enorme, una voz imprescindible de la cultura argentina, una mujer que dejó una marca profunda en nuestra música y en nuestra manera de sentir el arte. Su trayectoria fue coherente, valiente y comprometida. Marikena honró la cultura nacional con cada interpretación, con cada escenario y con cada gesto, y se convirtió en un referente indiscutido para generaciones de artistas y públicos”, escribió el titular de la Secretaría, Leonardo Cifelli.

En palabras como coherencia, valentía y compromiso puede haber una buena síntesis de la vida artística de esta cantante y actriz. No circuló por las vías que mayor y más rápido suceso podían darle; eligió los caminos alternativos. Esto se explica en un recuerdo de juventud, que compartió en la última entrevista que, hace poco más de un lustro, compartió con LA NACION. “Cuando aún no era profesional grabé un disquito de los de 45 rpm, con dos canciones. Una de ellas era muy comercial. Fue terrible el sufrimiento que me provocó porque no la sentía. No podía decir las palabras de la letra. Lloré tanto cuando terminé de grabar, que le dije a una amiga: ‘Jamás voy poder cantar sin convicción’. No puedo cantar algo que no me gusta, es más fuerte que yo”.

Hace una década, cuando celebró medio siglo de carrera, echaba la vista atrás con un repertorio que atravesaba toda su vida artística y, al mismo tiempo, lo cobijaba con el título Renacer. No había en esa lista éxitos de verano, aunque la mayoría eran conocidos por el público que iba a a ver tanto sus espectáculos como los de otras artistas de su generación, que no se sometían a las modas.
Sutilezas
Apenas ganaba el escenario, Monti, con toda su extraversión, su personalidad y su tan asentado oficio de cantante, arremetía con toda la potencia de su interpretación y también con las sutilezas que sabía matizar en cada tema. Daba la sensación de que ese repertorio era un espejo que ponía frente así y donde veía reflejada una parte de su historia (Alfonsina Storni, Eladia Blázquez, Chico Buarque, Jacques Brel, Astor Piazzolla, Chabuca Granda, Violeta Parra, Edith Piaf y Jorge De la Vega), para luego proyectarla a la platea, que le agradecía de pie, al final del concierto.
Nacida el 22 de mayo de 1943 en la localidad santafesina de Casilda, a los 22 años ya estaba instalada en Buenos Aires. Se abría paso en el teatro y se zambullía en la vanguardia de aquellos años. Luego de integrar TUFA (Teatro Universitario Franco-Argentino) con recitales que hacía en francés, participó en el espectáculo del Instituto Di Tella Canciones de informalidad, junto a Jorge Schussheim, Jorge de la Vega y Camaleón Rodríguez.
“De aquella época -decía en otra entrevista- recuerdo también mi debut en La Botica del Ángel [de Eduardo Bergara Leumann] cuando Ernesto Schoo, que fue el primer crítico que habló de mí, me dio el espaldarazo. De aquellos años data mi primer LP, Libertad, mi amor. En 1971 grabé otro con mi nombre, que contenía la última canción de De la Vega, ‘Mariquita Montes’, escrita una semana antes de morir. En dos días hizo la letra y la música para hablar de mí.”
Y De la Vega era tan sagaz e irónico como certero al momento de definir a esta artista que cantaba descalza: “Yo soy Mariquita Montes / Canto como nadie canta. / Cuando yo era chiquitita / Mi mamita puso un tigre en mi garganta. / Pero en cambio mi papito /un severo militar/ me hacía hacer salto de rana / Y no me dejaba cantar. Por eso canto descalza / Aunque lo haga en un palacio / para poder chapotear / Como si fuera un batracio”.
La década del setenta fue una de las más prolíficas para Monti, siempre llevando la canción a los contextos del arte escénico, incluso en ámbitos como el café concert. Marikena Suites, con dirección de Lía Jelin; Tres mujeres para el show, junto a Susana Rinaldi y Amelita Baltar. También incursionó en las bandas sonoras, con canciones para la pieza teatral El gran deschave y para la película de La Mary, de Daniel Tinayre, protagonizada por Susana Giménez y Carlos Monzón. Además, hizo varios unipersonales, como Secretos a cuatro voces y Retrato en blanco y negro, e integró el elenco de Teatro General San Martín.
Sus cancioneros iban de lo trágico a lo humorístico. “Ese es mi arco emocional -decía-. Soy una cantante de autores más que de canciones. De allí mis homenajes a Jacques Brel. Me interesan determinados creadores por su temática. Algo que tenga que ver con lo que le pasa a la gente y la conmueve; esto es lo verdaderamente artístico. Hay creadores antológicos, que no son los que se escuchan por radio y televisión”.
Y sobre las cualidades de su voz, solía hacer algunas aclaraciones, especialmente, al momento de recibir elogios: “Me siento halagada. Pero te digo: hay voces pequeñas que son un portento. Por ejemplo las de Caetano Veloso, la de Joao Gilberto, la que tenía Chabuca Granda. Antes que la gran voz prefiero una excelente cantante que no tenga gran voz. Porque más importa lo que se siente cuando se canta. Por eso admiro indeclinablemente a la francesa Barbara, de quien yo cantaba, ya en el 65, sus admirables ‘El bosque de Saint Amand’ y ‘Nantes’. Ella reunía en sí dotes excepcionales como pianista, poeta y música. Para saber qué es cantar hay que escuchar a Mercedes Sosa, Susana Rinaldi, Suma Paz, Yves Montand, a la Piaf, Elis Regina o Maysa Matarazzo”.
Por Mauro Apicella
Fuente Lanacion

