Las flamantes Guías 2025–2030, publicadas por el Departamento de Agricultura y el de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, agitaron el debate sobre cuáles son las bases de una alimentación saludable
Este año, las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030, publicadas por el Departamento de Agricultura y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, ambas agencias federales estadounidenses, proponen un mensaje central claro: “Volver a la comida real”, con énfasis en la evidencia científica que marca un rumbo claro: la necesidad de abandonar la dependencia de productos ultraprocesados, ricos en aditivos, azúcares, grasas de baja calidad y sodio.
La alimentación lejos de los estándares saludables, sumado a un estilo de vida sedentario, ha profundizado los problemas de salud pública en todo el mundo y se erige como una de las epidemias de este siglo XXI.
Y la mejor noticia resultó que el tema volvió a la agenda pública la potente idea de que una alimentación saludable ayuda (y mucho) a prevenir y tratar la obesidad y las enfermedades cardiovasculares.
El documento redactado en Estados Unidos bajo el liderazgo del actual secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. recomienda una dieta fundamentada en alimentos integrales y proteínas, así como la reducción drástica de comidas altamente procesadas y de azúcares agregados.
En vísperas del Día Mundial de la Obesidad quese conmemora cada 4 de marzo, la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) se suma con un mensaje claro y urgente: ‘repensar nuestra alimentación es clave para prevenir enfermedades crónicas, entre ellas, las cardiovasculares’.
En Estados Unidos, más del 70% de los adultos tiene sobrepeso u obesidad y casi un tercio de los adolescentes de entre 12 y 17 años presenta prediabetes.
Argentina refleja una tendencia similar: según datos de la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, en personas mayores de 18 años, seis de cada diez (61,6%) presentan sobrepeso (36,3%) u obesidad (25,3); solo el 6% consume la cantidad recomendada de frutas y verduras, el 13,3% bebe alcohol en exceso, el 12,7% reportó diabetes o glucemia elevada y uno de cada tres encuestados (34%) es hipertenso. Además, la prevalencia de tabaquismo alcanzó al 22,2%.
La obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y progresiva
Hay que saber también que la obesidad está asociada a un aumento significativo del riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, dislipidemia y enfermedad hepática grasa asociada al metabolismo.
Asimismo, impacta negativamente en la calidad de vida y el bienestar emocional.
Las autoridades sanitarias advierten que no existe un nivel seguro de ingesta de ultraprocesados a largo plazo, instando a limitar estos productos y enfatizando la educación alimentaria en niños y adultos (Imagen Ilustrativa Infobae)
Datos duros
El último reporte de World Obesity Atlas 2025 desarrolló datos duros junto a la Federación Mundial de Obesidad, que mostraban que el 39% de los adultos en Argentina vive con obesidad.
Según datos del Ministerio de Salud argentino, 20,4% de los chicos y adolescentes de entre 5 y 17 años tienen obesidad.
Si bien entre el 40 y el 70% de los casos de obesidad pueden atribuirse a factores genéticos, estos interactúan con las exposiciones ambientales y el estilo de vida. De esta manera, puede existir predisposición a la obesidad pero esta no expresarse si se fortalecen hábitos saludables.
Estigmas vigentes
La sociedad tiende a estigmatizar la obesidad, y esto puede derivar en rechazo social, acoso y exclusión, aumentando el riesgo de empeorar el estado de salud de las personas con sobrepeso y obesidad.
La educación alimentaria en la infancia y la cocina en el hogar son claves para combatir la obesidad y transmitir hábitos saludables a nuevas generaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)
En Argentina -más específicamente en CABA-, las comorbilidades más frecuentes fueron hipertensión arterial (36,5%), diabetes mellitus (13,5%), dislipidemia (14,9%) y enfermedad hepática/hígado graso (22,3%).
Consultado por Infobae el doctor Facundo Nogueira (MN 84.970), jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas explicó que la relación entre obesidad y sueño es bidireccional y tiene un impacto profundo tanto en la salud física como mental.
Diversos estudios muestran que la falta de sueño altera genes vinculados al apetito y modifica la producción de las hormonas que regulan el hambre y la saciedad, favoreciendo conductas alimentarias de riesgo. A su vez, es frecuente que las personas con obesidad presenten trastornos del sueño, lo que empeora el descanso, incrementa el cansancio diurno y afecta el estado de ánimo y la salud mental.
La obesidad, considerada enfermedad crónica y multifactorial, se asocia a un mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades hepáticas (Freepik)
Según datos publicados en Science Direct, alrededor del 70% de las personas con apneas del sueño tienen sobrepeso, más de la mitad de quienes viven con obesidad padecen este trastorno, y en pacientes candidatos a cirugía bariátrica la prevalencia supera el 85%.
Las cifras de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), el organismo oficial de estadísticas sanitarias del Ministerio de Salud, correspondientes a 2024, muestran que las enfermedades cardiovasculares agrupadas como las del sistema circulatorio ocasionaron 105.130 fallecimientos, lo que representa el 30.3% del total de los decesos por causa conocida.
Ante este escenario, las nuevas guías norteamericanas proponen dejar de estigmatizar alimentos para poner el foco en priorizar los frescos y reales. El documento organiza sus recomendaciones en seis grupos principales: proteínas de calidad, frutas y verduras, lácteos enteros sin azúcares agregados, granos integrales, grasas saludables y reducción de ultraprocesados, afirmó Emiliano Salmeri, director del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología.
En Argentina, seis de cada diez adultos presentan sobrepeso u obesidad, mientras que solo el 6% consume frutas y verduras en cantidad recomendada (Imagen Ilustrativa Infobae)
Las guías incorporan pautas para diferentes etapas de la vida, desde la infancia hasta adultez y vejez, y ajustan las recomendaciones ante necesidades específicas como embarazo, lactancia o enfermedades crónicas. El común denominador es priorizar alimentos de fuente natural y limitar los ultraprocesados como base de una dieta saludable.
El médico especializado en cardiología Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, sostuvo que las nuevas recomendaciones “ponen el acento en los factores determinantes de la salud cardiometabólica; ya no se trata solo de evitar grasas o contar calorías, sino de disminuir el consumo de ultraprocesados y reforzar los nutrientes de calidad en la dieta”.
“La cocina en el hogar permite recuperar el control sobre la salud, elegir alimentos frescos y transmitir hábitos a las nuevas generaciones. Frente a contextos económicos adversos, planificar y cocinar en casa puede resultar más accesible que recurrir a procesados o comida rápida”, amplió el doctor Salmeri.
Las 12 principales recomendaciones de las nuevas guías alimentarias
Las nuevas Guías Alimentarias 2025–2030 de Estados Unidos destacan la importancia de priorizar comida real y limitar los ultraprocesados
1. Proteínas de alta calidad: se recomienda una ingesta de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso por día, ajustado a necesidades individuales. Deben incluirse carnes magras, aves, pescados, huevos, lácteos, legumbres, tofu, frutos secos y semillas. Se deben evitar las frituras, embutidos, productos con azúcares o almidones añadidos y carnes procesadas. Se sugiere optar por métodos de cocción como horno, plancha o vapor.
2. Lácteos enteros sin azúcar: los lácteos constituyen fuente clave de proteínas, grasas saludables, calcio y vitaminas. Se promueve la leche, yogur y quesos sin azúcar agregada, con tres porciones diarias para adultos con dieta de dos mil calorías.
3. Frutas y verduras: el consumo recomendado es de al menos tres porciones de vegetales y dos de frutas al día, priorizando piezas enteras —crudas o cocidas— y con mínimo procesamiento. El jugo 100% natural debe limitarse o diluirse con agua. Los productos enlatados o congelados están permitidos si no poseen azúcares o sodio añadido.
4. Granos integrales: la sugerencia es de entre dos y cuatro porciones diarias, reemplazando pan blanco, galletitas, cereales industriales y tortillas refinadas por sus versiones integrales. Los granos enteros benefician la microbiota intestinal y estabilizan la glucemia.
Priorizar alimentos reales no procesados ayuda a prevenir enfermedades (Imagen Ilustrativa Infobae)
5. Grasas saludables: el énfasis está en alimentos como aceite de oliva extra virgen, palta, nueces, semillas, pescados grasos, manteca en cantidades moderadas y grasas animales naturales. Se indica no superar el 10% de calorías diarias provenientes de grasas saturadas y evitar las grasas trans y aceites refinados.
6. Reducción de alimentos ultraprocesados: el documento señala que no existe un nivel seguro de consumo de estos productos a largo plazo e insta a limitar chips, galletitas, golosinas, bebidas azucaradas, productos light o dietéticos con aditivos. Se recomienda leer las etiquetas para detectar azúcares ocultos (jarabe de maíz, maltosa, fructosa, entre otros).
7. Hidratación: el agua debe ser la fuente principal. Las bebidas sin azúcar ni calorías pueden incluirse. Se sugiere evitar jugos industriales, gaseosas y energizantes.
8. Sodio: para quienes superan los catorce años, el consumo diario no debe ser mayor a 2.300 mg. En niños, la recomendación se ajusta por edad. Se aconseja reducir la sal de mesa y productos ricos en sodio como fiambres, sopas instantáneas y salsas industriales.
Para hidratarse lo mejor es el agua, recomiendan limitar las bebidas azucaradas o con edulcorantes (Imagen Ilustrativa Infobae)
9. Alcohol: se impulsa una disminución general y abstinencia total para personas con antecedentes de adicción, embarazadas, personas en tratamiento médico o quienes no puedan controlar su consumo.
10. Salud digestiva y microbiota: se alienta la inclusión regular de alimentos fermentados (yogur, chucrut, kéfir, miso, kimchi) y ricos en fibra para diversificar la flora bacteriana intestinal.
11. Educación alimentaria en niños: se recomienda los alimentos reales desde la infancia, evitando ultraprocesados y facilitando la exposición a nuevos sabores para mejorar su aceptación. También, involucrar a niños y adolescentes en la preparación de comidas.
12. Consideraciones especiales: las guías contemplan las particularidades de personas con enfermedades crónicas, vegetarianos, veganos, adultos mayores, embarazadas y lactantes, realizando adaptaciones específicas que previenen deficiencias nutricionales.
Fuente Infobae

