El secretario de Estado de Trump llamó a Pablo Quirno para discutir la situación en Venezuela

El secretario de Estado de Trump llamó a Pablo Quirno para discutir la situación en Venezuela

La comunicación entre Marco Rubio y Quirno ocurrió tras el ataque que terminó con la captura de Nicolás Maduro, en un contexto de desajustes entre el respaldo público del Gobierno y la hoja de ruta que EE.UU. traza para el futuro político de Venezuela.


El jefe de la diplomacia de Donald Trump, Marco Rubio, habló este martes con su par argentino, Pablo Quirno, para abordar el ataque en Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su posterior traslado a suelo estadounidense donde será enjuiciado por narcotráfico en Nueva York.

Según informó el Departamento de Estado, Rubio agradeció a Quirno la «continua cooperación de la Argentina» para «combatir el narcoterrorismo» y «fortalecer la seguridad en nuestra región». La frase, en tanto, tomó otro calibre luego de que el gobierno de Trump publicara una imagen con una advertencia que emuló a los tiempos donde la Doctrina Monroe era desplegada especialmente desde el plano militar: «Este es nuestro hemisferio».

Si bien en su versión actual —en función del «corolario Trump» o «Doctrina Donroe»— la estrategia está más enfocada en áreas estratégicas, la dimensión militar no quedó exenta según los últimos acontecimientos. La comunicación bilateral se produjo en medio de la división internacional en torno a la Operación Resolución Absoluta, la acción bélica que emprendió la Casa Blanca y que culminó con la toma de un jefe de estado, sacudiendo el tablero político regional y dejando a Venezuela al borde del colapso institucional. «No estamos en guerra con Venezuela. Estamos en guerra con la gente que vende drogas», sostuvo Trump ante el arco crítico que incluyó a parte de la sociedad norteamericana

La comunicación entre Rubio y Quirno, representantes de los aliados del MAGA, ocurrió en un contexto de contradicciones entre el posicionamiento público del gobierno argentino y la línea de acción que efectivamente está siguiendo el gobierno de Donald Trump, aliado estratégico del presidente Javier Milei.

Horas después de la madrugada del 3 de enero, la Cancillería argentina difundió un comunicado en el que celebró la «decisión y determinación» del gobierno estadounidense y calificó al líder chavista como jefe del Cartel de los Soles, organización que la Argentina declaró terrorista en agosto de 2025, en función del alineamiento total con la estrategia hemisférica de Trump, enmarcada en la nueva doctrina de seguridad nacional que vuelve a poner a América Latina como prioridad geopolítica frente a «la injerencia china y rusa».

En tanto, el texto expresó además la expectativa de que los acontecimientos permitieran «al pueblo venezolano recuperar plenamente la democracia» y que la fórmula política opositora de 2024 —representada por la proscripta María Corina Machado y su delfín político, Edmundo González Urrutia— pudieran tomar el mando del Palacio de Miraflores.

El documento incluyó también un respaldo explícito al liderazgo de Machado, recientemente premiada con el Premio Nobel de la Paz, una mención que no pasó inadvertida en Washington. Ese mismo día, Donald Trump desairó públicamente a Machado, a quien describió como una dirigente «no tiene respeto y apoyo en su propio país» y, por tanto, incapaz de encabezar la transición en medio de la escalada de tensión interna en el país caribeño.

Además, evitó cualquier referencia a González Urrutia como alternativa política para negociar la transición venezolana que, en contraste, quedó a cargo de la flamante presidenta interina, Delcy Rodríguez. Así, el contraste dejó en evidencia un desajuste entre la narrativa oficial argentina, fiel a su socio del Norte, y la estrategia real de la Casa Blanca.

Delcy Rodríguez
Delcy Rodríguez encabeza las negociaciones con Estados Unidos por la transición en Venezuela.

En tanto, fuentes diplomáticas citadas por medios estadounidenses señalaron que el gobierno de Trump tenía la intención de continuar las negociaciones directamente con sectores del chavismo para garantizar una continuidad institucional controlada, con Rodríguez como figura clave en el esquema de transición, en medio de la puja de poder y las acusaciones cruzadas dentro de la cúpula chavista.

3 escenarios de transición en Venezuela

En su análisis en la revista Foreign AffairsJuan S. González —exfuncionario de Joe Biden cercano al círculo rojo de Washington y Caracas— planteó como primer escenario una transición gestionada pacíficamente como posible pero poco garantizada. Para lograrlo, sostiene, sería necesario que Trump otorque garantías de seguridad creíbles para «reintegrar» a la polarizada sociedad venezolana evitando un «castigo generalizado». En esa línea, el poder podría concentrarse en «una autoridad interina o un arreglo tecnocrático aceptable para actores domésticos clave, incluidos elementos del antiguo régimen y de las Fuerzas Armadas».

El segundo escenario es el de una continuidad criminalizada, en la que la caída de Maduro no implica la desarticulación d la estructura política que lo sostuvo. «La salida de Maduro no significa el colapso del chavismo», sostuvo. En este escenario, el cambio puede ser apenas formal, preservando «la arquitectura coercitiva y criminal del régimen» pero con un riesgo para el relato trumpista: que se prolongue la migración, la corrupción y el deterioro institucional.

El tercer camino es el de la escalada y el empantanamiento, lo que pondría a Trump contra las cuerdas a nivel interno. González, en tanto, advirtió sobre el peligro de «un compromiso de seguridad progresivo que Estados Unidos nunca tuvo la intención de asumir, pero que luego le resulta difícil desarmar». Según su lógica, Washington quedaría atrapado entre retirarse demasiado rápido —dejando a Venezuela bajo caos— o permanecer demasiado tiempo, con costos crecientes de legitimidad y recursos.

La maniobra diplomática de Marco Rubio con sus aliados

El giro estratégico de Washington comenzó a delinearse incluso antes de la intervención militar en Venezuela. El 29 de diciembre, apenas días antes del operativo, Rubio se reunió con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, para discutir seguridad regional, cooperación energética y la coordinación entre aliados frente a amenazas transnacionales. En ese encuentro, el jefe de la diplomacia estadounidense subrayó la importancia de “combatir el antisemitismo” y de fortalecer asociaciones clave para garantizar la estabilidad global, una señal de que la Casa Blanca estaba priorizando una agenda de seguridad integral más allá de América Latina.

La desconexión entre Buenos Aires y Washington también quedó expuesta en el plano simbólico. Milei viajó a Oslo para asistir a la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado, con la expectativa de una foto política de alto impacto internacional. Trump no solo canceló su viaje a último momento, sino que la dirigente venezolana llegó tarde a la premiación, lo que frustró cualquier gesto conjunto.

Marco Rubio speaks with President Donald Trump during a roundtable event at the White House on Oct. 8.
Marco Rubio, el arquitecto de la política exterior de Donald Trump.

Tras el ataque estadounidense en Caracas del 3 de enero, el gobierno de Milei ratificó su «apoyo total» a Washington y enmarcó la captura de Maduro como una ofensiva contra el «socialismo del siglo XXI», alineándose discursivamente con la retórica de Trump. Una línea que también mantuvieron ambos cancilleres en una conversación incluyó referencias al operativo del 3 de enero y a la cooperación bilateral en materia de seguridad, pero evitó pronunciamientos sobre el diseño político del día después en Venezuela.

«El secretario Rubio agradeció al ministro de Relaciones Exteriores Quirno por la continua cooperación de Argentina para hacer frente al narcoterrorismo y fortalecer la seguridad en nuestra región», concluyó le comunicado difundido por la cancillería estadounidense.

Fuente Perfil