- ATENEA es un microsatélite construido por la a Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a tres universidades nacionales y una empresa privada.
- Formará parte de la primera misión tripulada desde 1970.
- Cuando está previsto que despegue hacia el espacio exterior.
“No, claramente no voy a dormir (risas)”. Nicolás Conde se imaginó lo que va a venir: esas 20 horas en que el satélite en el que vino trabajando en los últimos dos años orbite, por fin, a 75.000 kilómetros de la Tierra. “Pesa 13 kilos y es del tamaño de un microondas”, graficó. El artefacto en cuestión es ATENEA, uno de los cuatro selectos microsatélites que llevará adosados Orión, la nave espacial en la que cuatro astronautas de la NASA viajarán a la Luna, por primera vez en casi 60 años, como parte de la mítica misión al espacio exterior Artemis II.
Se vino hablando mucho de esta segunda edición de Artemis, prevista (con viento en popa) para el 6 de febrero. Tiene sentido. Es la primera misión tripulada a la Luna desde 1970, la primera en la que viajarán cuatro tripulantes y no tres, y la primera en la que -dos datos nada menores- irán dos perfiles de astronautas que todavía hoy podrían haber sido injustamente discriminados: una mujer y un hombre de piel negra.
Mucho menos se vino hablando de ATENEA, la pata argenta de esta misión internacional de 10 días y el satélite que transitará la órbita más lejana de la Tierra en la historia del país. Un satélite que geolocaliza teléfonos celulares está a unos 400 km para arriba. Este satélite llegará a 75.000 kilómetros del globo.
Hay que decir que, si bien es un microsatélite de tecnología avanzada que hará (como se contará abajo) unas cuantas cosas importantes, tendrá una vida brevísima. Como un insecto efímero, expirará a las 20 horas de haberse desprendido de Orión, contó Conde, que lidera el área de Integración y Ensayos de la misión ATENEA de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el organismo nacional que llevó adelante este desarrollo en conjunto con las universidades nacionales de la Plata (UNLP), de San Martín (UNSAM), de Buenos Aires (UBA) y la empresa VENG S.A.
El equipo de científicos que desarrolló el microsatélite ATENEA para la misión Artemis II.
Al margen del pobre reconocimiento actual a la ciencia y tecnología locales, no debería causar sorpresa que sea justo un satélite argentino uno de los cuatro seleccionados entre los alrededor de 50 proyectos (el dato no se hizo público) que debieron analizar los expertos de la NASA, la reconocida agencia espacial estadounidense. Los tres restantes son de Arabia Saudita, Corea del Sur y Alemania.
“Supongo que sabemos hacer mucho con pocos recursos”, sintetizó quien estuvo a cargo de toda la primera parte del proceso, el decano de la Facultad de Ingeniería de la UNLP y director director del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), Marcos Actis. Lo de los recursos, en parte, es un tema de tiempos, ya que buena parte de la dificultad de ATENEA consistió en que “había que construirlo muy rápidamente”.
Estamos a fines de 2023 y la NASA abre una convocatoria para llevar “una carga útil en Artemis II, que iba a ser lanzado en marzo del 2025. Nos ayudó mucho que se demorara porque hacer un satélite en menos de dos años era muy complejo”, reconoció el investigador.
ATENEA, la parte argentina de Artemis II
Una “carga útil” es un agregado con determinada función. Lo explicó Conde, pero no en alusión a las cargas de la nave Orión (donde viajará la tripulación de la NASA que le dará una vuelta a la Luna) sino en referencia a las que también la propia ATENEA tendrá: “Le llamamos plataforma a todo lo que le da vida al satélite, mientras que la carga útil es aquello que querés llevar al espacio. En este caso habrá dos”.
Volviendo al nacimiento del satélite (técnicamente, un CubeSAT), Actis contó que “lo que se hizo fue escalar el modelo de un satélite (USAT) ya desarrollado por la UNLP, con la diferencia de que en lugar de tener doce unidades, como ATENEA, tenía tres”.
El argentino fue elegido entre 50 proyectos de todo el mundo.
Aunque su tamaño sea el de un microondas, pese menos que una compra mediana del súper y cumpla su misión durante sólo 20 horas (antes de darse la nariz contra la atmósfera terrestre y terminar desintegrado), las dos voces consultadas destacaron que se trata de un desafío científico-tecnológico enorme, con peso específico en relación al lugar que ocupa la Argentina frente a un organismo de la talla de la NASA.
En la CONAE advirtieron que Conde tendría poco tiempo para la entrevista. En efecto, el joven (“acabo de cumplir 29… soy uno de los más chicos del grupo”) lucía apurado y con las manos en la masa: “Estamos acá, diseñando las operaciones. O sea, cómo van a ser las distintas operaciones en esas 20 horas en que el satélite orbite alrededor de la Tierra”. Se lo notaba emocionado: “Trabajé en otros satélites, pero esta es la primera vez que empiezo y termino uno”.
Viaje a la Luna: para qué sirve el satélite ATENEA
«No va a hacer una órbita elíptica, como uno podría suponer, sino balística», dijo Conde. En concreto, el cohete va a dejar el satélite en el espacio, a 40.000 kilómetros de la Tierra, «pero el momento de apogeo, cuando más distante va a estar, va a ser a 75.000 kilómetros. Aunque un satélite normal suele dar muchas vueltas a la Tierra, este va a caer cuando termine de dar una sola, a las 20 horas”, especificó.
La gran pregunta es qué va a hacer exactamente o para qué sirve este artefacto que costó un par de años de trabajo arduo y representó una inversión de entre 400.000 y 450.000 dólares, informaron desde la CONAE, en base a un “valor global aproximado que incluye el desarrollo tecnológico, la integración, los ensayos, la logística, los traslados y la campaña de lanzamiento, así como la adquisición de algunos componentes específicos en el exterior”.
En el organismo dicen que “es una misión de validación tecnológica”, pero tanto Actis como Conde fueron más precisos. «Una vez que nuestro satélite se lance y libere en el espacio, ahí arranca nuestro trabajo», dijo el segundo.
«Tenemos un par de antenas gigantes en Córdoba y Tierra del Fuego, más otra que es parte de una colaboración con Vietnam, y desde esos puntos podremos registrar la actividad del satélite y recibir los datos», aclaró. Además de “telimetrías, datos de temperaturas corrientes y otros acerca de la ‘salud’ del satélite”, Conde aclaró que el artefacto va a llevar una carga útil con un GPS y otra que va a medir niveles de radiación.
“El GPS se desarrolló en la UNLP y es la primera vez que uno de industria plenamente nacional vuela en un satélite. La intención es validar este desarrollo, lo que es muy importante para la industria espacial, y para que la universidad, de algún modo, lo pueda comercializar”, consideró.
Actis sumó un dato: el GPS va a medir las ondas de rebote de satélites para navegación en el espacio profundo, «algo que puede ser útil el día mañana, cuando haya que orientar otras naves espaciales futuras”.
En cuanto a la segunda carga útil, el decano de Ingeniería de la UNLP aclaró que “es una placa que mide radiación. Fue elaborada por la Facultad de Ingeniería de la UBA y la UNSAM y va a medir la radiación espacial, en el sentido de cómo afecta a los componentes del propio satélite”.
No es algo menor, dijo Conde: “Tener datos de las radiaciones que recibe ATENEA en su órbita es clave porque la radiación es una de las cosas que más fuertemente perjudica a la electrónica. Uno tiene que ver si sobrevive a esto, digamos”.
Un dato poco conocido de ATENEA
El satélite, que ya fue traslado al lugar de lanzamiento del cohete, en Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos), va a tener un rasgo destacable más y es que, en la carga útil con la placa de radiación va a haber también un sensor óptico.
El lugar de lanzamiento del cohete en Cabo Cañaveral. Foto: Nasa.
Es un tema para prestarle atención, apuntó Conde: “Es la primera vez que un sensor así va a órbita en el país y lo que se busca es hacer pruebas en desarrollos de comunicación láser. La idea es ver si puede recibir fotones, o ver qué pasa”.
Si bien la comunicación láser entre satélites existe en desarrollos de telecomunicaciones como los de Starlink (propiedad de Space X, la empresa de Elon Musk), Conde destacó la importancia de que Argentina ponga un pie en este terreno.
La razón es que sería “para bajar datos”, sentenció el investigador, que agregó que «hoy los satélites son capaces de tomar millones de imágenes, pero se arma un cuello de botella importante a la hora de descargarlos; esta tecnología podría representar un gran cambio”.
Aunque todo podría retrasarse, se espera que el lanzamiento de la misión Artemis II se concrete el 6 de febrero. Desde ya, Conde no lo va a ver desde Buenos Aires. “Me voy a la antena que tenemos en Tierra del Fuego”, se entusiasmó. Mientras hablaba, imaginaba las 20 horas en las que ni él ni sus compañeros van a cerrar un ojo. Cuando ATENEA trace su diseñada órbita balística.
Fuente Clarin

