La tensión oficial ya se trasladó al eje CFK-Massa

La tensión oficial ya se trasladó al eje CFK-Massa

Alberto Fernández perdió protagonismo, pero también logró correrse del centro del conflicto. En el entorno presidencial aseguran que el nombramiento de Gabriel Rubinstein como viceministro de Economía no va a prosperar. Hay consenso para cambiar a los funcionarios del área energética, porque lo que se encaró hasta ahora “no funcionó”, pero no hay acuerdo en los nombres para poner a sus sucesores. La expectativa por el éxito de la gestión económica choca con el reconocimiento de que se trata de la última jugada antes de encarar la campaña hacia 2023.

La primera semana de Sergio Massa en el gabinete es una muestra de que el acuerdo entre los principales socios del Frente de Todos es tan vulnerable como lo fue en los dos años y medio de gestión. Pero algo cambió, y Alberto Fernández ahora mira a la distancia la tensión que se trasladó a la convivencia entre la vicepresidenta y el ministro de Economía.  

Pocos minutos antes de subirse al avión que lo llevó a Colombia, la polémica por el posible nombramiento de un economista anti-K y los recambios en la Secretaría de Energía mostraban que la tregua oficial no está tan firme como la llegada al Gobierno del hasta ahora diputado parecía anticipar. “Lo de Rubinstein no va a prosperar, le va a tener que buscar una alternativa”, decían ayer por la tarde desde el círculo íntimo del Presidente.

Esta vez, el Presidente no es el eje de los cuestionamientos internos ni el centro de la disputa.

Esta frase tiene que ver con la decisión de Sergio Massa de nombrar como viceministro a un economista que no solo tiene una mirada económica diferente de la de Cristina Kirchner, sino que usa sus redes sociales para insultarla y hasta hablar de “corruptos K”. “Al final lo de Matías Kulfas haciendo un libro en donde criticaba la gestión no era tan malo, podía tener una posición distinta, pero siempre incluso bancó a Cristina ante los ataques judiciales y mediáticos”, reflexionan ahora desde el entorno presidencial. El propio Massa confirmó el nombre de Rubinstein para, horas después y a medida que más frases polémicas giraban en un oficialismo desconcertado por su llegada al Gobierno, asegurar que “nunca estuvo confirmado”.  

Esta vez, el Presidente no fue el eje de los cuestionamientos internos ni el centro de la disputa. Alberto Fernández entiende que los últimos movimientos en su gobierno le hicieron perder capital político, pero por estas horas se muestra tranquilo. No solo resignó protagonismo por la llegada de Massa al gabinete, sino que también pone en el casillero de acciones nocivas para su figura a la renuncia inesperada de Martín Guzmán, el corrimiento de Silvina Batakis y Daniel Scioli y la salida de Gustavo Béliz.

La calma que mostró en los últimos días el Presidente tiene que ver con que ahora sus socios aceptan lo que no aceptaron meses atrás. “Celebro que Massa quiera reducir el déficit, emitir poco y no subsidiar las tarifas, no como Batakis que quería reducir el déficit, emitir poco y no subsidiar las tarifas, y mucho menos que Guzmán que quería reducir el déficit, emitir poco y no subsidiar las tarifas”, es un tuit que circula por estas horas entre los dirigentes de mayor confianza del jefe de Estado. Reconocen que ni Guzmán ni Batakis tenían la “espalda política para hacerlo”, y Massa es quien vino a traer esto.

Con el control de la economía ahora a cargo del tigrense, el Presidente perdió protagonismo, pero también se corrió de la discusión con su principal socia, quien avaló la llegada del líder del Frente Renovador al Gobierno cuando el jefe de Estado aún la ponía en duda. Fue hace apenas diez días que el Frente Renovador armaba un operativo clamor para su desembarco, el kirchnerismo aplaudía que Massa llegue al gabinete y los gobernadores apuraban al Presidente para que le dé la bienvenida y le entregue el área económica.

“Ahora el problema que tenemos nosotros no es si le sale bien a Sergio, como muchos dicen. El problema es si le sale mal”, dicen en la intimidad presidencial. Los primeros días al frente del ministerio fueron más frenéticos que lo pensado y con menos medidas que las que se esperaban. “Tampoco sorprendieron los nombres, aunque la innovación en este caso ya es Massa”, evalúa un ministro que espera conocer las próximas medidas para entender hacia dónde va la economía, pero también el futuro de la alianza electoral.  

Esta semana, los tres principales socios encontraron un punto de coincidencia: la Secretaría de Energía debe cambiar los nombres y no solo el del titular, Darío Martínez. Así lo reconoció un importante funcionario. Aseguran que el kirchnerismo, que controla el área, también

habilitó los cambios. Pero el acuerdo llega hasta ahí, ya que aún no pueden encontrar dirigentes de consenso para que ocupen los distintos cargos, por lo que los movimientos se retrasan. “El consenso es que Energía no funcionó, buscaban en otro lado a los funcionarios que no funcionan, pero estaban ahí; el verdadero festival de importaciones se dio en esta secretaría”, dice un funcionario que recomienda un artículo de EconoJournal en el que se detallan las cifras oficiales que demuestran que en los primeros siete meses del año “las compras de combustible y lubricantes ya suman la friolera de 8.800 millones de dólares”.

Fuente Perfil