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OPORTO, EL DIVINO HUMANO

Probé y callé. Y aún recuerdo perfectamente lo que sentí cuando, por vez primera, accedí a tomarme un vino licoroso: ¡todo fruta! es incluso almibarado al tiempo que delicado y fuerte y es de una calidez tan extraordinaria que de inmediato me hizo asociar su fruto a un sol eterno y salvaje. En mis adentros pensé que ahí tenía a una imaginaria libación de no sé qué dioses del vino...
Me dijeron que se trataba de un Oporto Vintage; que sus cualidades son insuperables y que, precisamente, una añada así no es nada habitual encontrarla... Seguí con mis reparos en confesarles que este ¡concentrado de frutas! me hacía disfrutar como una enana (nunca mejor dicho para el caso); eran frutas maduras, eso sí, y con buen nivel de alcohol, ¡menos mal!
Pues a una "heavy" represión es a lo que hasta la fecha había sometido a mi paladar curtido en recios y/o secos borgoñas y burdeos, punzantes ginebras inglesas, ardientes rones, etc..., el lupulado amargor de mil y una cervezas y, "off course", dándole unos toques glamurosos a base de frívolos burbujeos champaneses.
En fin, se dice que la primera impresión es la buena. Y, cuando me informaron de que un oporto así de grande está considerado por voto unánime de todos los expertos entre los mejores vinos del mundo, ya se me iluminó la memoria histórica.

PREPARACION
En un vaso se echan dos cucharadas de azúcar.Se agrega una copa de ron y el zumo de un limón.Revolver hasta que se disuelva el azúcar.Agregar agua mineral con gas, (la misma cantidad que ron o un poco más) y la hierbabuena.Revolver de nuevo.Llenar de hielo hasta el borde.

EL OPORTO ENCABEZADO
Una letrilla burlesca de "Mambrú se va a la guerra", que en mi infancia canturreaba en francés, allí cobró un sentido globalmente profundo. Ocurre que, en tiempos de la guerra emprendida contra Francia y "parte" de España por los ingleses a cuyo mando estuvo el general Marlborough- La Guerra de Sucesión española -, se sabe que los ingleses, ¡ellos sí!, no tuvieron ningún reparo en, prácticamente, prescindir de los secos y/o recios borgoñas y burdeos a favor de los vinos portugueses, sus aliados. Y que, en ésas, (seguramente que no con cierta intención de así agregar una dosis de fuego light a los ya encendidos ánimos patrióticos), se cuenta que, a algún o algunos ingenios del "paladeo" inglés se les ocurrió marear con una adición de brandy al áspero y rudo tintorro portugués para que así, anestesiado, su agitado viaje por las olas del mar se le hiciera como un paso por una balsa de aceite... ¿Resultado? Poco tiempo después, a mediados del siglo XVIII, se descubre que al "brandy" –para el cual existen hoy en Portugal dos categorías legisladas: un aguardiente vínico de unos 76º a 78º y un alcohol vínico de 95º- efectivamente había que mezclarlo al vino pero precisamente cuando éste aún no había finalizado su fermentación. Porque así parte del azúcar contenido en el mosto dejaba de transformarse en alcohol preservándose el fantástico dulce natural que las uvas de las viñas del Alto Duero portugués habían absorbido bajo tan innumerables horas de ultrainsolación.
De ahí que cada ser crecido bajo esos grises, fríos y húmedos cielos sajones cuanto más se metía en boca a algún oporto tanto más se sentía "tawny", o sea tostado/bronceado, como este otro tipo de oporto que por criarse durante muchísimos años en el interior de un barril de su rojo vivaz adquirió un cálido tono leonado. Y, ¡viva el rey!, que así nació el encabezado vino de oporto que bien se percató de que a nadie le amarga un dulce. Se presentó a todos las clases y niveles. Desde los semi dulces hasta los más y los menos y para todos los bolsillos, desde los consumidores de Visa Platino hasta los obreretes de los pubs londinenses que, por pocas calderillas, allí se tomaban alargado con limonada un trago de "ruby", un oporto por el cual su productor invirtió un mínimo de tiempo en su crianza.
Y que , por cierto, si a alguien le apetece mezclarlo que no sea con lo anterior. Alárguese con tónica, e incluso soda, y mucho hielo bien duro. Así obtendrá un delicioso refrescante. Puede hacer lo mismo con un tawny a condición de que éste no sea uno muy viejo. Pues sería un herejía no saborearlo a secas y lentamente después de comer del mismo modo que en el caso de un Vintage o de un Late Bottle Vintage. Aunque estos dos últimos son así mismo divinos disfrutados exclusivamente a solas en el momento que sea e incluso con la única presencia de los hombres y mujeres que lo hicieron. Sí, yo los ví pisando las uvas

EXTENUADOS PERO CONTENTOS
Esas enjutas piernas que antes había observado eran todo nervio bajo esa pesada cesta repleta de uvas hinchadas de sol, tan larga o más que su columna vertebral y cargada a hombros sorteando la estrecha franja de unos viñedos aterrazados y a veces muy escarpados, ahora habían triplicado su volumen. Allí, en el lagar, donde reposaban las "obesas" uvas cosechadas, hombres, mujeres y niños llevaban no se sabe cuánto tiempo, tal cual unos sacrificados cristos, andando sobre este mar de turbadores aromas vínicos. Por vez primera esa escena la presencié sobre las seis de la tarde. Luego, en el restaurante donde nos convidó a cenar un productor, éste insistió en que volviésemos al lagar.
Allí seguían todos: cantando unos, tocando el acordeón o la armónica otros. Extenuados pero contentos. Interrumpiendo su verbo risueño para convidarnos desde allí a brindar con ellos lo que a traguitos y de golpe, de vez en vez, se tomaban: un agua cristalina cuya "temperatura de hervor" no pudo soportar mi esófago. ¿Sería el bagazo o alcohol vínico que se mezcla a este vino para que siga dulce al tiempo que fuerte?
En mi vida, y hasta hoy, no he visto a unos hombres tan incorporados a su vino. Creo que esto sólo ocurre en el caso de oporto y vintage. Allí me explicaron que éste, a diferencia de las demás clases, va por su añada lógicamente sin mezclar con otros, que sólo tiene dos años de barrica pero sí un mínimo de diez años en botella antes de salir al mercado.
¡Creíble! Aunque vaya riesgo... Porque, de esto último, surge la imperiosa necesidad, para conservarse longevo, de poseer unos buenos taninos, los cuáles, debido a esa fermentación sesgada por el ardiente bagazo, sólo pueden obtenerse por la pisa de las uvas bajo el pie desnudo y tibio del hombre... Pues bien pagado sea el oneroso precio de un vintage porque no creo que aquí el único que gane no dé algo para el baile y los cantantes....... De todas formas, ha sido un ¡placer!!! Y éste, el gustativo, siempre es individual.