El
sacacorchos es, a buen seguro, el elemento más importante desde el
punto de vista del somellier, ya que el arte de abrir una botella
y les aseguro que sin éste la cosa es más que complicada alcanza
la categoría de ritual cuando el vino a degustar es de calidad, cuando
los invitados a degustar de él están más o menos inmersos
en la cultura del vino, y mucho más cuando la cita tiene cierto carácter
protocolario.
Su creación se basa en un utensilio en espiral que era utilizado
para extraer las balas del cañón de los fusiles hace aproximadamente
cuatro siglos, y su aparición como tal data del siglo XIII cuando
comienzan a taponarse las botellas con corcho. Hoy en día es un utensilio
tan familiar y cotidiano que no sólo es utilizado para el trabajo
del sumiller sino que si buscamos en el cajón de los cubiertos de
cualquier casa encontramos uno.
A lo largo de la historia se han diseñado muchos tipos de los que
citaremos algunos:
• Primero fueron los de hélice, también llamados T,
que con el tiempo han ido cambiando, ya que al tirar se remueve el líquido.
• Los de doble palanca, de gran belleza y práctico manejo.
• El más común y personal es el sacacorchos que llevamos
los sumilleres, llamado de impulso, que casi nunca nos falla.
• Los seguros Screwpulls para la extracción del corcho con
el mínimo esfuerzo.
• Los de pared, sin duda los más rápidos. 
Ahora sólo queda citar aquellos tipos de sacacorchos llamados especialistas
a los que únicamente se recurre en algunos casos:
• El de cava o champagne, con una pinza que agarra el corcho por la
parte superior y permite su extracción con facilidad.
• El de láminas, especial para botellas muy viejas.
• Las tenazas para degollar los oportos vintage, en los que la física-química
juega un papel muy importante pues han de calentarse las tenazas al rojo
vivo, se abraza en cuello de la botella con ellas y al cabo de pocos segundos
se retiran y se vuelve a abrazar con una pinza que previamente ha estado
introducida en un recipiente con agua fría, con lo que se consigue
un corte totalmente limpio. |
| La
propagación del sacacorchos se sitúa históricamente
a partir del siglo XVIII (aunque existen algunos modelos del XVII),
coincidiendo con la difusión de las botellas de vidrio soplado
y del corcho como el elemento destinado a mantener el líquido en
su sitio hasta el momento del consumo. La primera referencia textual a
un sacacorchos procede de Inglaterra y corresponde al Tratado de la Sidra,
escrito por James Worligge en 1676, donde habla de "un tornillo de
acero utilizado para extraer los tapones de las botellas". Técnicamente,
no se trataba exactamente de un sacacorchos tal y como hoy lo conocemos,
sino más bien de una especie de barrena similar a la que se empleaba
para limpiar las armas de fuego.
A partir de entonces, y con la imposición del espiral metálico
como elemento básico para la extracción de los tapones de
corcho, la evolución del sacacorchos se centra en el desarrollo
del método más cómodo para realizar la operación,
es decir, en el perfeccionamiento del mango y el sistema mecánico.
Primera patente inglesa
La primera patente de un sacacorchos es también inglesa, del año
1795, aunque en los años subsiguientes se produjo un boom en el
registro de diferentes modelos, en todo el mundo: Francia, Estados Undios,
Canadá... Tan sólo en Inglaterra, en el siglo XIX se patentaron
hasta 350 modelos diferentes de sacacorchos. 
Si bien los primeros se basan en el sistema de una básica T con
espiral, a partir de 1850 comenzaron a llegar los sacacorchos de palanca,
que reducían notablemente el esfuerzo en la extracción.
A fínales del siglo XIX apareció el modelo primitivo del
que quizás sea el sacacorchos más importante de la historia:
el de una sola palanca, el preferido de los camareros y sumilleres de
todo el mundo, incluso en nuestros días.
Evidentemente, de forma paralela al desarrollo técnico se producía
la estilización estética, con aplicaciones de madera, nácar,
grabados, etc., además de la incorporación de accesorios
prácticos como cuchillas, escobillas para limpiar la boca de la
botella...
Para el champagne
Los sacacorchos para botellas de Champagne tienen su origen a finales
del siglo XIX, época a la que corresponde también un invento
en forma de grifo que permitía perforar el corcho y dosificar en
copas sin que el resto del contenido de la botella perdiera efervescencia.

En la actualidad prevalecen algunos modelos clásicos, como el de
camarero o el sacacorchos de láminas -adecuado sobre todo para
extraer corchos dañados-, que conviven y comparten escaparates
con otros de última tecnología, como los modelos de palanca
desarrollados por la casa Screwpull, de una gran precisión y comodidad.
Mientras el placer por disfrutar de un buen vino se mantenga intacto -y
se mantendrá, qué duda cabe- el cerebro humano continuará
pergeñando artilugios y nuevos modelos de sacacorchos para hacer
más fácil y confortable el momento del descorche, aquel
en el que se abren las puertas del placer.
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