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pulpería es un despacho de comestibles y bebidas en la campaña,
más importante que el boliche. En los tiempos antiguos las
pulperías tenían en su interior rejas de hierro o
de madera que separaban al público de la parte donde se hallan
las mercaderías y despachaba el pulpero. La pulpería
es almacén, tienda, taberna y casa de juego. Sitio de cita
del paisanaje. En ella se juega a los naipes, a las bochas, a la
taba y, en los días de fiesta, se corre la sortija, etc.
El aguardiente era la principal bebida que se expendía en
estos negocios.
El origen de la palabra no es seguro; algunos afirman que es una
derivación de la palabra mexicana pulquería, lugar
donde se toma pulque, una bebida parecida al aguardiente. Para otros,
su significado se relaciona con pulpo, como si en estos establecimientos
se vendieran pulpos, pero en realidad se origina en la venta de
pulpas de frutas. Sin embargo, una tercera teoría, aduce
que el término "pulpería" venía del
hecho de que como estos locales comerciales tenían todo tipo
de artículos, el encargado tenía que actuar con sus
manos "como un pulpo" para manejar todos los pedidos que
se le hacían.
Estos sitios, muy comunes en nuestro país, constituían
centros sociales y se reconocieron dos tipos; fijas y estables.
En 1831, bajo la administración de Juan Manuel de Rosas,
quedan prohibidas especialmente las "volantes" en Santa
Fe. Estas pulperías recorrían bastas regiones comercializando
productos ganaderos, plumas de aves silvestres y algunas cosas más
de escasa importancia.
Cumplían el servicio de carros o carretas, deteniéndose
en las poblaciones y organizando reuniones de juego o expendio de
bebidas. Se las conceptuaba como tráfico de cueros de animales
robados pero, a la vez, servían de diversión a gauchos
trashumantes o conchabados. Pero esta medida no fue correctora de
los males que se decía, afectaban a los vecinos.
En las pulperías establecidas, los "vicios" no
se diferenciaban en demasía. Era punto de reunión
como lo fueron los almacenes de campaña, una atracción
que convocaba gente para el esparcimiento en compañía.
Este
lugar de expansión al rudo espíritu de los hombres
pampeanos, permaneció funcionando con el aporte anula de
200 pesos impuestos por el fisco, además de las multas creadas
por los dueños en el caso de que en el local se "hiriese
o matase a alguien...".
Siempre fueron el club de los pobres, centros donde el desheredado
podía alegrar sus horas, echando un trago, conversando con
sus iguales o jugando una partida de naipes o de dados.
Como para abrir una pulpería sólo se requería
contar con un barril de vino, algo de yerba, unos frascos de aguardiente
y algunos paquetes de velas, eran "muchos" los que estaban
en condiciones de emprender este negocio, lucrativo y de corta inversión.
El pulpero atendía detrás de una reja de hierro o
de madera, para protegerse de los asaltantes y de las riñas
que se producían en el lugar, que podían terminar
en serios duelos con armas blancas (llamadas facones). El establecimiento
solía contar con una o dos guitarras, para que los gauchos
"guitarreasen" y cantasen o se organizaran payadas y bailes
entre los parroquianos.
En 1799, el número en Buenos Aires ascendía a 274,
otras 121 estaban desparramadas en la campaña y 47 en Montevideo
que dependían de las cajas de Buenos Aires.
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