Los
gallos, aves territoriales, demuestran su poderío mediante
el pavoneo, la hinchazón y mayor coloración de su
cresta y los desafiantes cantos. Actitudes que llevarán a
cabo siempre que vean dentro de su territorio –o acosando
a alguna de sus hembras- a otro macho rival. En un gallinero, espacio,
por lo general de reducidas dimensiones, cualquier gallo nada más
despertar se ve en la obligación de demostrar a todo el corral
que sigue siendo el macho dominante; y si el silencio no contesta
al desafiante cántico, vendrá una pelea, fonética
en primer lugar y física a continuación, con los gallos
aspirantes al puesto de honor. Por tal motivo, no es frecuente encontrar
varios machos en un mismo gallinero, a no ser que haya suficientes
gallinas para repartir.
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