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Planta
compuesta, hortense, de hojas grandes, radicales, dispuestas en roseta,
que se comen en ensalada.
Planta herbácea cultivada, que puede ser anual o bienal, perteneciente
a la familia de las Compuestas, cuyas hojas son consumidas en todo el
mundo como ensalada.
Se caracteriza por tener las hojas superiores redondeadas con la base
acorazonada, mientras que las basales, que constituyen la parte comestible
de la planta, pueden ser de diferentes tamaños, formas -ovales,
planas, rizadas, y a la vez, enteras o recortadas- y colores -verde claro,
verde oscuro e incluso rojo-. Los capítulos florales se hallan
dispuestos en corimbos densos y de color amarillo pálido, a veces
con venas amarillas. El fruto es grisáceo y provisto de un pico
largo, un pequeño aquenio que contiene unos filamentos para permitir
que sea transportado por el aire. Cuando la planta desarrolla el tallo
-cuya altura, si no se detiene su crecimiento, puede alcanzar alturas
superiores a un metro- para emitir las flores, se parece más a
las variedades silvestres, las cuales poseen un látex amargo en
el tallo y las hojas, las cuales, así desarrolladas son bastas
y de sabor amargo, por lo cual no se utilizan para el consumo.
Entre las especies destinadas a la alimentación, la más
conocida es L. sativa, que presenta a su vez
numerosas variedades, tales como la lechuga de cogollo, lechuga de hoja
rizada o lechuguino, lechuga de tallo y la lechuga romana, muy cultivada
en España, en zonas de regadío próximas a los núcleos
urbanos, desde tiempos remotos.
Cultivo
Generalmente
se cultivan en regiones boreales, ya que prefieren climas fríos.
No obstante, se pueden
distinguir lechugas de primavera, verano, otoño e invierno. La
lechuga romana está perfectamente
adaptada al cálido clima mediterráneo y es muy cultivada
en la península Ibérica, pero exige mucha
humedad, que se consigue con riegos frecuentes. Las distintas variedades
se diferencian por el color de la semilla, que puede ser blanca, amarilla
o negra.
Siembra
La
reproducción se realiza por semillas, bien en semilleros o directamente
esparcidas por el campo de
siembra, con la intención de que las semillas reciban la luz del
sol directamente, condición imprescindible para que la lechuga
germine, mientras que la sandía, por ejemplo, no germinará
si la recibe. La causa de esto es una molécula proteica, el fitocromo,
que se encuentra en las semillas bajo una cierta estructura química,
y que es capaz de absorber principalmente luces rojas e infrarrojas, absorciones
que determinarán cambios en la estructura química de esa
proteína.
La siembra de la semilla se realiza prácticamente en cualquier
época, aunque no es aconsejable sembrar variedades del tipo de
la romana durante los meses de verano, pues tiende a espigar, esto es,
desarrolla tallos florales a causa del calor. Otras variedades, generalmente
las de hoja ondulada y ancha, son específicas del verano. En el
momento de la siembra la semilla prefiere temperaturas entre los 10 y
27 ºC como máximo. Existen variedades resistentes a las bajas
temperaturas como la llamada lechuga de invierno, aunque las heladas destruyen
las hojas.
Tradicionalmente se siembra en semillero a voleo. Una vez que la simiente
germina, la primera labor que
se realiza es una limpia o entresaque de las plantas que se encuentran
demasiado próximas para eliminar competencia. Cuando las plantas
han desarrollado cuatro o seis hojas, se transplantan a una tabla o a
caballones para facilitar el riego, esencial en el caso de esta planta.
El marco de plantación se realiza en hileras distantes 40 ó
50 cm y 30 cm entre ellas. La tierra debe mantenerse húmeda constantemente,
al menos a partir de los 5 cm de profundidad. Los requerimientos hídricos
son más exigentes en las plantas jóvenes.
Para mantener la tierra suelta, aireada y húmeda y evitar que el
suelo se cuartee, se cubre con paja o
mantillo suelto. Este requirimiento de suelos con alto contenido arcilloso,
grumosos, bien drenados y
fertilizados hace imprescindible que sea una tierra rica en nitrógeno
y humus -garantía de un desarrollo
rápido de esta hortaliza y de la calidad suave y dulce de las hojas-,
así que es recomendable utilizar un
colchón de compost o bien alguna sustancia rica en este elemento
como sangre seca o estiércol bien
descompuesto.
Las variedades de hojas erectas como Romana y Batavia, se atan para blanquear
las hojas interiores y
mejorar la textura de las hojas.
Recolección
La
lechuga es una hortaliza de crecimiento rápido. Las variedades
más tempranas están listas para cortar en sólo seis
semanas y las más lentas lo hacen en once semanas. Para la recolección
se cortan las planas a ras de suelo, arrancando la planta de raíz,
o bien, cortando el tallo con un cuchillo.
Cultivo
hidropónico
Los
sistemas modernos para el cultivo en invernaderos cerrados, controlan
todos los factores de crecimiento, desde la temperatura, los nutrientes
específicos en forma de sales o preparados especiales, hasta la
cantidad de luz diaria que reciben. Las semillas se siembran en arena
de cuarzo con humedad alta y constante a 25 ºC. Con este procedimiento,
a los veintiún días las plántulas están listas
para el transplante a recipientes especiales de plástico de un
litro de capacidad, provistos de un gel o caldo nutricio que se renueva
una o dos veces por semana. El pH ce controla y ajusta durante todo el
proceso de crecimiento y cada día se controla la concentración
de nutrientes y minerales.
Composición
La
lechuga es rica en minerales como hierro, fósforo y calcio. Los
tallos desarrollados emiten un látex en el momento de recibir una
herida. Este látex es amargo y contiene sustancias ligeramente
somníferas.
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