Sin dudas, Ingrid Betancourt fue la protagonista de la actualidad internacional de los últimos días.
En una operación comando que ella misma definió como “una sinfonía” en referencia a lo aséptico y perfecto de su realización, fue liberada junto a otros 14 rehenes que las FARC tenían en su poder.
Nadie puede resistirse a experimentar júbilo ante la vuelta a la libertad de gente que fue tomada por la fuerza y sometida al cautiverio compulsivo.
Llama la atención de todos modos, la notable energía con que Ingrid reapareció en público inmediatamente después de su liberación. Su rostro al menos, no denotaba el martirio de seis años de rehén en la selva, del encadenamiento y de un tratamiento personal que la propia Ingrid, entrecortada por el llanto, prefirió no comentar en un reportaje a la Cadena colombiana Caracol, retransmitido en simultáneo por Radio Continental de Buenos Aires y una emisora española.
También llama la atención el estado aparentemente saludable de los otros rehenes liberados, que en rigor de verdad, no lucían como se veía en los años ’60 a los prisioneros estadounidenses en las manos del Vietcong
Llama también la atención ver al Presidente Uribe en la televisión de su país, en un papel pseudo periodístico como entrevistador de sus propios generales, instándolos a comentar detalles del operativo que culminó con la libertad de los rehenes mencionados.
Llama la atención que el mismo Presidente pretenda que quienes planificaron un operativo secreto, den detalles del mismo en forma pública, sabiendo que hay “giles” que esperan ser avivados.
Llama la atención que se ventile públicamente que el Secretariado de las FARC fue infiltrado y que gracias a eso tuvo éxito el operativo.
De ser realmente así, no llamaría para nada la atención, que aún diezmadas las FARC hayan comenzado una caza de brujas en sus propias filas para descubrir a los traidores o incluso tomen represalias con los 700 rehenes que dicen que tienen. Si es que aún los tienen.
Y tampoco debería llamarnos la atención si en los próximos días hay otra noticia sobre la liberación de más rehenes, lo cual sería otro fantástico golpe de propaganda en favor de la figura de Uribe quien, debemos reconocer, asumió la lucha contra la guerrilla con más decisión que sus predecesores.
Como siempre, en referencia a los grandes acontecimientos políticos –y éste lo es- siempre hay más preguntas que respuestas.
¿Por qué habríamos de confiar en que fue como lo cuentan?
¿No se habrá producido la liberación, bastante antes de lo anunciado?
¿No habrán tenido Ingrid y los otros liberados un tiempo prudencial para recuperar sus maltrechas humanidades en la inhóspita selva colombiana y presentados por el gobierno en el momento oportuno?
Desde que descendieron del helicóptero en el que volvieron del infierno, no se supo nada más de los compañeros de tragedia de Ingrid. No se les vio regresando a sus hogares ni abrazándose con sus familiares, lo cual habría sido un acierto periodístico al menos, si algún medio hubiese ordenado ese seguimiento.
Sin embargo, apenas bajó de la aeronave Ingrid habló públicamente, participó de la reunión en la casa de gobierno colombiana con la cúpula de Uribe y las fuerzas armadas, respondió a preguntas de todos los medios importantes del mundo, regresó a su casa pasada la medianoche y tuvo energía para echar del hogar a un marido que parece no haber estado a la altura de las circunstancias en los últimos años y al que se vio alejarse de la casa con una maleta en la mano; al otro día siguió atendiendo a la prensa, se reunió con sus hijos, partió para Francia a los tres días de su aparición en la escalinata del helicóptero del rescate y siguió,en la tierra donde Robespierre perdió la cabeza, una serie de encuentros y actividades que según se anunció, serán el preámbulo de un merecido descanso, ya que caben como nunca en toda su expresión, estos dos últimos vocablos.
Mucha energía para un rehén que soportó la selva durante 6 largos años.
Más allá de cualquier suspicacia que sobre la persona de Ingrid descartamos absolutamente, es en verdad admirable tanta fuerza y tanta paz interior, como transmitió en cada una de sus apariciones públicas.
Curiosamente un estudio numerológico de las características del nombre Ingrid, arroja los siguientes resultados
Betancourt tiene un nombre de origen escandinavo. Ingrid significa hija. Quienes se llaman Ingrid son de “Naturaleza emotiva, amable y condescendiente. Suave, cordial, sagaz. Ama la armonía de las formas y los métodos persuasivos. Le gusta sentirse alabado”.
Y también que: “Es adaptable. Se expresa airosamente en cualquier nivel. Gentil, vivaz y amigable. Ama lo que está más allá de la superficie de los seres y de las cosas”.
Y finalmente en relación al talento natural agrega que: “Es mente de pensamiento deductivo. Se expresa como pensador independiente, con autoridad y lealtad, generalmente en actividades exclusivas, más dependiente de la intuición que de la razón. Recibe aumento en tareas que requieren meditación, inspiración, inmersión en las profundidades del ser y de las cosas. Ama lo complejo y lo elevado, lo que se siente y lo que se presiente.
Podría destacar en profesiones como científico, profesor, ocultista, escritor, horticultor, inventor, abogado, actor, analista o líder religioso”.
Tal parece que así, es la Ingrid que ha vuelto a casa. |