“Me dijeron que en el reino del revés, nada el pájaro y vuela el pez…”, así comienza la canción de Maria Elena Walsh, aquella que escuchamos en reiteradas oportunidades en nuestra edad temprana. Y hoy por hoy, nuestra querida Argentina, es lo más parecido a ese reino del revés. Porque si vemos lo que ocurre en el sector agropecuario, notaremos que las medidas económico financieras que se vienen tomando en los últimos tiempos, son exactamente contrarias a las que impondrían los países que quieren crecer y que apuestan a que sus ciudadanos vivan una vida mejor. Las retenciones móviles a las exportaciones –tema urticante por demás- son la mejor muestra de cómo se deben hacer las cosas para que un país no tenga oportunidad alguna de competir en el mundo. Todas las naciones que quieren expandir sus fronteras, buscando ganar nuevos mercados y lograr mejoras económicas a través de mayor ingreso de divisas, hacen exactamente lo contrario. Promueven las exportaciones, hasta el punto de llegar a subsidiarlas. Como indican los manuales de séptimo grado, es importantísimo lograr que los ingresos de dinero sean generados en otros países, así entran dólares que no fueron producidos aquí. Es el viejo axioma: “No nos saquemos el dinero entre nosotros”. Por eso la importancia que tiene el turismo en la economía de cualquier ciudad, región o país. Pero hacemos lo contrario, intentamos que el mercado interno crezca, pero tratando de controlar los precios, sin considerar que sería más sencillo crear trabajo, y de esta forma dar más posibilidades a la gente de ganar dinero y así gastarlo en nuestro país. Además, estas medidas anti-exportaciones hacen que el productor agropecuario tenga menos oportunidades de hacer su negocio rentable. Porque hoy, los chacareros pagan sus insumos al equivalente de un dólar de $ 3,10.- y su producción la venden a un valor equivalente a $ 1,80-. Y aquí está lo simpático de la situación. Al existir las retenciones móviles, todo se nivela hacia abajo, en lo que respecta a valores del comercio de los productos agropecuarios. Porque no se puede decidir vender al mercado interno a un precio, que supuestamente debería ser mayor al precio que pagarían los exportadores. Como siempre se hace en nuestro país, todo se nivela hacia abajo. Pero también bien sabemos que estas benditas retenciones a las exportaciones vinieron para quedarse, al menos durante el transcurso de este gobierno, que ve en ellas una fabulosa fuente de ingreso de dólares a sus arcas. Se cobran enseguida, con seguridad y tienen la garantía de que al menos por año, el sector agropecuario le generará un ingreso al fisco, equivalente a la espectacular cifra de más de 10.000 millones de dólares al año. Y este es solo un tema. Porque si hablamos de la inseguridad rural, veremos que nadie hace lo que tendría que hacer. El estado no cumple su rol de brindar la seguridad necesaria para poder vivir en los campos. Si los impuestos se cobran para que después vuelvan al pueblo a través de todo eso que hoy el estado no nos da, como es educación, seguridad, atención médica y un escenario jurídico confiable. Muchos se preguntan (sin querer ser golpistas) ¿No sería mejor que no los cobraran? Después, algunos sesudos, analizan porque los jóvenes huyen a las ciudades en búsqueda de mejores horizontes. Si no te dejan producir, no tenés libertad de mercados, no hay financiación, las políticas que atañen al sector son generalmente de corto plazo, y si además te oprimen con una fuerte presencia impositiva, es lógico que muchos piensen en dedicarse a otra cosa. Pero aquí cabe destacar lo que ocurre en nuestro bendito país, donde a pesar de todo, los productores agropecuarios siguen generando records de producción, siguen apostando al futuro, siguen invirtiendo en nuestro país, siguen poniendo en peligro su capital, sus familias y su propia salud. Esto también es de nuestro reino del revés. En cualquier otro lugar del mundo, con el escenario que hemos marcado, los chacareros terminarían haciendo cualquier otra cosa, menos producir. Resultó simpático (¿) ver a nuestra PresidentE hablar en Italia sobre que se debe hacer para producir más, para terminar con el hambre en el mundo, atacando sin nombrarlo al sector productivo argentino, intentando demostrar que nuestro país recorre en la actualidad un camino de crecimiento continuo. Lamentablemente todo lo dicho suena a un discurso que podría considerarse como avieso y falaz.
“Me dijeron que en el Reino del Revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres…”.
Pero atención, esto lo dice la canción de Maria Elena. ¿O creyeron que estaba hablando de nuestro país? |