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(14/3/2008) Esta frase en otra época de la Argentina (con seguridad no la actual) hubiera causado una inmensa alegría a todos aquellos parientes que tuvieran algo que ver con la agraciada en cuestión. Ser productor agropecuario representaba el esfuerzo, el trabajo duro cotidiano. Representaba ser uno de los grandes soportes de los países en desarrollo, ser empresarios que invertían todo su dinero, salud y capital a producir alimentos teniendo variables como el clima influyendo frontalmente sobre las posibles ganancias futuras de la empresa. El chacarero era un personaje loable y digno de admiración, que tenía sus épocas de vacas gordas, y de las otras, que llegaban a perder “hasta las ganas de comer”. Pero lamentablemente en la actualidad, ser catalogado en este rubro, significa otras cosas, que no poseen los mejores calificativos. En principio el productor pertenecería a una casta deleznable de oligarcas que viven de la tierra, que ganan muchísimo dinero y que influyen negativamente en los valores de los alimentos que comen los pobladores de nuestro país, especialmente la gente de bajo recursos. Son aquellos que siembran una semillita, se sientan en una silla a tomar mate debajo de una planta, esperan 6 meses y cosechan “dinero en efectivo”. Además, es gente que no entiende la problemática de los gobiernos que necesitan utilizar gran parte de las ganancias de los productores para financiar déficit de todo tipo, especialmente los sociales. ¿Por qué los productores tienen que ganar dinero? ¿De que se quejan si las retenciones a las exportaciones de soja son nada más que de un 49%?. ¿Qué importa que no se pueda exportar carne, leche, o trigo, si lo importante es tener precios internos ficticios que rocen el absurdo?. Total se perjudican aquellos oligarcas que producen los alimentos que todos los argentinos –todos- consumimos diariamente.
Cuando habitualmente escuchamos en las mesas familiares hablar de los problemas que tiene y genera el campo, queda en evidencia que poco se sabe sobre este sector y su forma de vivir. También quedó esto en evidencia cuando fuimos testigos de la pobre conferencia de prensa realizada en Presidencia donde el Ministro de Economía realizó una corta alocución demostrando que lo que sabe del campo lo leyó alguna vez en algún manual de 5º grado o se lo enseñaron 10 minutos antes de salir al escenario. Ser productor agropecuario es hoy el peor de los oficios, desestimado y señalado por toda la sociedad como el gran causante de muchos de nuestros padeceres económicos.
Quizás el tiempo haga cambiar esta opinión. Lo importante es que alguien alguna vez se ocupe de enseñar a la sociedad toda que es lo que hacen los productores, cuando, como y donde viven y cual es el esfuerzo y riesgo que tienen al producir algo, especialmente en nuestro país. Si esperamos que las entidades del sector hagan esto, estamos
verdaderamente fritos.
Alejandro Ramírez
Analista Agropecuario |