El Columnista
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¿INTELIGENCIA O SOLAMENTE VIVEZA CRIOLLA? por Carlos Montarce

Aunque duela tómense 3 minutos de reloj. Mediten otros 30 segundos .... duele? Si duele. Leyendo y releyendo algunas cosas, se me ocurrió, escribir. No sabía como empezar y me pareció apropiada una frase que dijo Borges, hace algunas décadas. Borges dijo que "el argentino prefiere pasar por inmoral que por zonzo". Afirmaba que eso hacía de la Argentina un país sin futuro. Esa denotación de la viveza criolla hoy parece una profecía.
Eran los tiempos en que un grupo de militares había tomado el gobierno. Perón, el Gran Vivo, era el presidente surgido de ese grupo. El representaba como nadie a ese argentino rápido, de respuesta mordaz, mujeriego tardío, con poder y mucha calle. Durante casi una década, Perón instauró un gobierno al estilo de Mussolini, carismático, basado en la personalidad de un líder y su viveza. Ese Gran Vivo volvió después de un largo exilio y, ya senil, dejó al mando del país su brujo favorito y a una copera por sobre todo estúpida, sin siquiera 6to grado terminado, que había conocido en Panamá. Un final típico de los vivos. Un poco peor le fue a su discípulo Menem, otro gran vivo argentino. El playboy cincuentón, el de las fiestitas y la pizza con champagne, hoy logró salir de su cárcel-quinta usando la viveza para evitar sentencia. Casado con una señora ambiciosa (para llamarla de algún modo suave), con su hijo enterrado, una hija que lo martiriza y una ex mujer rajada a patadas, es otro clásico final del vivo. Recuerdo una definición del personaje que hizo un amigo. El imaginaba a Menem joven en la rancia Universidad de Córdoba. Llegado de un pueblo perdido de una provincia pobre, árabe, feo y petiso. Decía "este turco le va a hacer al país lo que no le pudo hacer a las chicas de la universidad de Córdoba". Unos pocos de sus amigos vivos lo acompañan aun. María Julia, la viva con setecientos palos en las Caimán, que descubrió el sexo a los cincuenta y posó con un tapado de piel de zorro siendo secretaria de medio ambiente. Kohan, el vivo que dejó el dos ambientes en Puente Saavedra y en cinco años tenía más propiedades que la curia. Gostanian, el dueño de la celda, que a pesar de ser considerado un "gordo boludo" tuvo a su cargo la fabricación de los billetes convertibles. Hoy también todos pasean su viveza por los tribunales. La psicología brutal. Se es vivo para subsistir entre gente con más capacidad. En varios países de Latinoamérica se puede ver a Tinelli, el programa que exporta al mundo esa devoción Argentina por la viveza criolla. Un chico de campo venido a vivo porteño que conduce a un grupo de vivísimos aduladores que hacen apología del "tener lleca" y ser el más piola de la barra. Un notero (vivísimo) le pregunta al primer ministro de Noruega " ¿...premier, en su país se garcan de ofri?....." y todos festejan. El gobernante, que no entiende nada, maneja un país que está considerado el primero de la Tierra en índices de bienestar. El notero es una mueca del decadente periodismo de un país que hace cincuenta años estaba entre los diez primeros del mundo y que hoy comparte el final de la tabla con varias naciones Africanas. Un vivo bárbaro. Tinelli, el vivo en jefe, se ríe de las ocurrencias de sus chicos. Tiene millones en el banco pero no duda en comerse un alfajor en cámara por unos pocos miles más. Una
actitud de vivo mediático. La viveza es como un karma nacional. Hace unos años, un mediocre cajero de un banco de Santa Fe, con treinta años de trabajo en el mismo lugar, aprovechó la añorada confianza provinciana y se llevó una bolsa con tres millones de pesos. Abandonó su familia y sus amigos para huir por unos meses hasta que lo agarraron. Era el vivo de Fendrich para muchos argentinos, era un pobre ladrón sin ese toque romántico del valor y, sin embargo, tuvo su grupo de admiradores. El tema se discutía entre las mesas llenas de vivos en los cafés de barrio. Todo un símbolo. Hoy la Argentina esta al borde de un precipicio que no conocemos. Como nunca, un gobierno que no es de vivos, más bien lo contrario, no sabe que hacer con la madeja que heredó y se muestra asustado. Diez años de menemismo no solo trastornaron la economía. El daño fue también cultural, político y, sobretodo, profundamente moral. Las relaciones carnales nos llevaron del café La Paz, al Mc Donald's... De "libre y laica" al "just do it". Ese país que conocimos se hunde. En un naufragio, los vivos pueden salvarse. Pero nunca se salva el barco. Aún con un agujero pequeño, el hundimiento es seguro.
La viveza es un acto de individualismo supremo, es asegurarse un salvavidas como sea, no pensar en emparchar. Si el capitán no tiene el coraje para intentar convencer a todos que vale la pena tratar de seguir y no puede imponer el optimismo, es poco lo que se puede esperar. No es de vivos arremangarse. Tampoco ver el futuro. Es necesario que el país cambie su actitud. Que nos demos cuenta que tantos años de decadencia tienen mucho que ver con nuestra forma de ser y no tanto con las crisis mundiales o el FMI. Que no nos salvaremos por nuestra viveza sino por nuestro deseo de ser un país en serio. Y como alguien dijo una vez....no se confundan, la viveza no es inteligencia; es tan solo su versión mas bastarda.