A
principios de año se me cruzaba por la cabeza escribir un artículo
(jamás había escrito uno) que, basado en lo sucedido en el
año 2000 e inspirado en el título de la película de
S. Kubrick, se llamase "2001: ¿La Odisea del Campo?", y
transcurrieron casi 12 meses y luego de dar vueltas decidí escribirlo,
pero sin los signos de interrogación. Porque realmente fue así.
Una verdadera odisea. Además en ese lapso me quedé sin trabajo.
Tuvimos (los productores y pobladores): aftosa, inundaciones, intimaciones
y ejecuciones bancarias, remates de establecimientos, caída en el
precio de la leche, escuelas rurales y pueblos aislados, los precios más
bajos en el Mercado de Liniers, tamberos que tiraban la producción
diaria de leche por no poder sacarla del campo, inseguridad en zonas rurales,
riesgo país altísimo (¿le habrá interesado al
productor?) y si a todo esto le sumamos las últimas medidas sobre
bancarización, se conforma un escenario en el cual no se sabe como
va a ser el acto final de la obra.
La pregunta es: ¿Llegamos a lo peor? ¿O el pozo no tiene fin....?
Si llegamos a lo peor, sería una "buena" noticia porque
habremos tocado el piso y a partir de ese punto podríamos salir de
este estado de hibernación al que estamos sometidos, pero si la profundidad
del pozo no se ve, habrá que convocar a la gente que tiene éxito
en sus respectivas gestiones y aporte sus soluciones (éxito genuino,
no maquillado con palabras o propagandas pour la gallerie).
Tiene que llegar el momento en el cual para los gobiernos consideren que
son más importantes los productores que los bancos y los sectores
especulativos.
Y nosotros, los habitantes de este fértil país, debemos ser
coherentes con nuestras posiciones: si nos quejamos de las condiciones actuales
de la Argentina, no compremos quesos daneses, choclos enlatados de Francia
y vinos españoles, porque haciéndolo estaríamos aportando
un ladrillo más al ya alto muro que nos aísla de la prosperidad
productiva. Compremos productos, insumos, maquinaria, materia prima producidos
aquí, en nuestra tierra. Cuando vamos al almacén (especie
en extinción), supermercado o hiper, concesionario, etc, compremos
INDUSTRIA ARGENTINA.
Hoy se habla de las inundaciones tan sólo en algunos espacios en
la TV que son contados con los dedos (de una mano), parece que ya no es
negocio dedicar unos minutos describiendo como evoluciona el movimiento
de las aguas, y sobre todo en que condiciones está la gente afectada
por el fenómeno. Una actitud lamentable.
Tenemos que encontrar las herramientas para evitar que las poblaciones rurales
emigren de los campos a los pueblos y de los pueblos a las capitales o grandes
ciudades, porque como ya se comprobó, se empeoran las condiciones
de vida de esas poblaciones. Y el futuro de aquellas poblados rurales está
íntimamente atado al destino de todo el país.
A que cabeza perversa se le podría ocurrir que no se hicieran las
obras necesarias en las zonas inundadas para aliviar el flujo y estancamiento
del agua, al no concretarse nunca esas obras hidráulicas los propietarios
de esas tierras (ya hartos) se verían finalmente obligados a venderlas
por monedas por hectárea, vaya a saber a que buitres, que son aves
de rapiña como las águilas (a un ex-presidente le gusta compararse
con estas últimas). No me extrañaría que se diese esa
situación. Ya pasaron 16 años y no-se-hizo-nada.
Esperemos que en estos dos últimos años de gobierno se encuentre
la llave que permita abrir la producción al país, sin asfixias
impositivas y financieras, que se destrabe el comercio exterior y que cambiemos
este circulo vicioso por uno virtuoso que, en definitiva es el resultado
de un país en crecimiento. Le doy una pista al Gobierno: la llave
está en el Campo. Espero que la usen.
Y que se pongan a trabajar en ello. En las exposiciones rurales este año
quiero ver caras alegres.
Para todos un mejor 2002 (y por lo menos, distinto). |