| APERITIVOS |
| TEQUILA,
mon amour. |
Cuando
empiezan a preguntarme qué es esto que se llama tequila, ¡ah!
¿que ahora recuerdan que es el licor del cóctel Margarita
y que, con éste te agarras unas resacas bien pesaditas de largas?,
¡claro!, el tequila es un aguardiente rudo, rarito y (aquí
van los más enterados) que raspa nuestros sentidos igual que si frotásemos
boca y gaznate con las puntiagudas hojas del cactus del cual se origina,
la que empieza a partir de ahí soy yo, activándome como una
bomba de relojería.
Segundos después, parece que se me nubla la vista con chispeantes
fuegos artificiales en el momento preciso en que estoy contando que Tequila
es asimismo el nombre de un volcán, y que por estos parajes donde
crece el presunto cactus -que por cierto es una planta con clasificación
científica bajo el nombre de Agave Tequilana Weber- suelos y subsuelos
también se caracterizan por su abundancia en hierro y en ese duro
mineral que es el ónix y que, al fin y al cabo, jamás podrá
apagarse todo ese "fuego" de mi amado y fogoso espirituoso homónimo
del volcán, porque ni siquiera su enemigo jurado, el agua, en todo
el año, salvo en verano, se atreve con él, cayendo la lluvia
de vez en vez como si de una sola presencia testimonial de la protección
del cielo se tratara...
Y es que en tierra es la mano del hombre la que actúa jugando con
los destinos del fuego que, según los fines buscados por su manipulador,
tanto podrá consumirnos entre sus llamas como reconfortarnos con
su tónico calor.
Este es el caso de mi explosivo tequila. Y, por eso tenemos razón
tanto sus difamadores como la presente escribana, que lo adora como al fuego
los antiguos griegos que, por considerarlo como una conquista del hombre
sobre la divinidad, no permitían que se apagara nunca en ninguno
de sus altares. |
| LOS
PIRÓMANOS Y LOS DIVINOS |
| En
la historia mundial del "Garrafeo Espirituoso", el caso del
tequila es único. Ninguno de los demás espirituosos de la
misma categoría, el whisky, la ginebra, el vodka, el brandy, el
cognac, el ron, se las ha visto en esas. Los usurpadores, en países
tales como U.S.A., Japón e incluso España, nunca lo han
tenido tan fácil.
Para empezar, ni siquiera el nombre tequila estaba protegido por una D.O.
Esta sólo empezó a legislarse en el año 1973 y...
¿a funcionar?
De ahí que, denunciando, y casi en forma de súplica, a las
miles de abrasadoras adulteraciones, existen documentos escritos y firmados
por doctores del mismísimo México, y que publicados en la
prensa datan, ¡ojo! de los años 80. Y, por si esto fuera
poco, en 1970, es el propio gobierno, quién amparándose
en la falta de cultivo del Agave Azul para suministrar a tanta demanda,
legalizó que se nombren y se hagan bajo la etiqueta tequila incluso
los que se han elaborado con tan sólo un 51% del selecto maguey.
Y nos preguntamos ¿de qué se compone la otra mitad? No creo
que haya otros espirituosos de renombre que se precien de ser unos combinados
de destilados de distintas materias primas.
Ahora se entiende (antes podía parecernos fervor patriótico
o histerismo de puristas) el que unos expertos mejicanos nos insistieran
en que un buen tequila es un varietal 100% de Agave Azul originado en
el estado de Jalisco y todo ello bien impreso en su etiqueta.
Así, y con un proceso de destilación parecido al del cognac,
el espirituoso de tequila es tan grande como sus históricos congéneres.
Tanto es así que sus envejecidos, de tonos ambarinos, "reposado"
y "añejo" se pueden disfrutar derechitos y solitos. Mientras
que el joven aporta el calor divino deseado por los excelentes esquemas
cocteleros que se edificaron para ser su trono.
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| ODIO
EL MARGARITA |
Mi
primer encuentro con el cóctel Margarita se sitúa en Canadá
a eso de los dieciséis años. Lo recuerdo como un desagradable
compuesto tremendamente ácido al tiempo que muy empalagoso. No obstante,
en aquellas épocas era muy consciente de que aún no estaba
preparada para la vida moderna, sinónimo para mí de ser adulta,
por lo cuál deducía que tenía que sospechar de mi paladar
virgen y que, como consecuencia, tampoco podía fiarme mucho de mis
propias sensaciones. Ingiriendo el susodicho combinado, ni caso a los zarpazos
que primero recibía mi garganta y tampoco a los latigazos que luego
parecía sufrir mi estómago. Y, al día siguiente, puesto
que mi cabeza era la única en percibir sensaciones negativas, tales
como hacerme creer que pesaba más que mi cuerpo de unos sesenta kilos
y encima se permitía la frivolidad de estar confusa, concluía
firmemente que ella era la culpable de todo; con su ligereza juvenil no
había sabido llevar a estos órganos míos al buen entendimiento
de las cosas de la madurez.
Bastante más adelante, con la edad oficialmente adulta, leí
en algún periódico la palabra Metanol asociada al nombre de
tequila seguido del adjetivo garrefero. Sobre los efectos tóxicos
del Metanol se informaba que podían tardar unos cinco días
en desaparecer de nuestro organismo; y que este veneno hecho "tequila"
era muy difícil de detectar una vez inmerso en cócteles tan
populares como son el Tequila Sunrise y el Margarita...
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Pedí inmediatamente perdón
a mi cabeza; me fui corriendo a comprarme una botella de tequila en un establecimiento
de garantía y, allí mismo, me hice con una receta del cóctel
Margarita; y para redimirme ante éste, decidí imponerme como
penitencia ensayar con todas las variadas fórmulas del Margarita.
Con esto no sólo aprendí que es esencial cuidar la calidad
de todos los ingredientes de un cóctel sino que el mayor secreto
del chef barman consiste en las proporciones que éste empleará
para cada uno de los componentes del combinado. |
UNA
RECETA DE AMIGOS |
La
receta que sigue es la acertada simbiosis de la acidez del limón
con el amargor de la naranja dulce y la sequedad y punta de sabor herbáceo
del tequila blanco.
En la coctelera con hielo bien duro hasta sus 3/4 partes, 3/6 de tequila
blanco, 1/6 de Triple Seco, Cointreau o Grand Marnier y 2/6 de zumo de limón
muy ácido; se agita enérgicamente y se sirve en copa ancha
de champán previamente enfriada. En lo que se refiere a la corona
de sal de la copa, lo dejo a su elección. |
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