Aperitivos
Volver al Indice
Brandy

De acuerdo. Salta a la vista que cada uno de estos tres brandies españoles son totalmente distintos. Sé que usted me quiere hacer pasar por algún test... Y me da en la nariz que acertaré.
Empiezo por éste más clarito que será el más joven: el I Jamado Solera. ¡Of course! si que noto -aunque hay que afinar bastante- un típico aroma salino a Fino de Jerez; el siguiente: un Solera Reserva y ahora, con las neuronas puestas en centrarme en el punto en común con el primero, lo tengo fácil pues me recuerda en la nariz el avainillado y tostado dulcificado de un Oloroso viejo; y ahora a por el brandy caoba: el Solera Gran Reserva (aunque estoy seguro que usted no me ha hecho esa trampa ¿eh?), casi lo podría definir como un Oloroso con un toque de Pedro Ximénez muy envejecido y, ¡Ja! ¡ja! ¡ja! encabezado con tres partes de brandy!
Pues vaya con éste, más bien parece que me está describiendo un cóctel. Pero... aún así ¡perfecto!, su órgano olfativo, además de tener buena memoria, no le ha engañado en absoluto. Por lo tanto, sin perder esa pista por la que le llevó su nariz rastreadora, dígame a qué se deben estos aromas tan específicos de vinos jerezanos en unos brandies.
¡Parece mentira de que me haga usted esa pregunta! Es de cajón de que en España, y más precisamente en la región donde se elabora el vino de Jerez (porque estos brandies son de la Denominación de Origen Brandy de Jerez), se maduran todos estos brandies dentro de lo que se tenga a mano, y ¡mire usted! allí se hace en las botas que, toda la vida, sirvieron para criar a los vinos jerezanos que anteriormente he nombrado.
Pues si ésta es la razón por la cual estos brandies tienen esta inconfundible nariz jerezana, por lo mismo la debería tener su marca preferida de whisky de malta para el cual se consiguieron -pagando un buen precio, aunque merecido- botas de Jerez para que se redondeará durante muchos años en esa madera tan especialmente aromatizada... Y esto último no produce este mismo resultado ¿verdad?
Mi querido Watson, ésto es elemental: a una prueba tan lógicamente sencilla de concluir, no le habría sometido a usted...
En esas se quedaron nuestros dos personajes. Porque por muchas narices que le echara, incluso el mejor Sherlock Holmes de turno, una vez metido de lleno en los variados carriles de la autopista que conduce a una copa de Brandy de Jerez, con todas las distintas direcciones que allí se le ponen por delante, hasta el olfato se le habría aturullado...
Una removida historia la andaluza; una coctelera donde tan bien se agitó la inmensa variedad de ingredientes culturales que empaparon su territorio entero que si, a diestro y siniestro, hoy se habla de fusión, ésta sí que va por Andalucía. De ahí que no conozco más enrevesado y complejo sistema de elaboración de todos los espirituosos existentes en el mundo que el empleado para el Brandy de Jerez. Una elaboración que sigue siendo única ya que es en absoluto transferible. No hay más que ver su, tan esencial very typical Sherry, método de maduración. Que no es ¡na! para los jerezanos, pues, cómodamente se copian a sí mismos utilizando el mismo sistema de envejecimiento que para sus milenarios, históricos, internacionales e incluso literarios finos, olorosos, amontillados, P.X. etc.: el inusitado sistema de criaderas y soleras que, además de hacer imposible fijar la edad exacta del producto, bien sea éste brandy o vino, por muy meticuloso que sea un especialista muy enterado, imposibilita su exportación o transferencia a otro país. Por eso es poco probable que el whisky de malta del compinche de Holmes pueda tener esa nariz que tan obviamente descubrió en los brandies y, valga recordarle, que las botas de maduración destinadas para estos brandies de Solera han contenido previamente vino de jerez por un mínimo de tres años, lo que debe traer como consecuencia para la nariz y/o el paladar, o sea la vía retronasal, un fácilmente destacable recuerdo a su nombre: brandy, y de Jerez.
Y, en lo que se refiere a los vinos base que se destilarán para hacer sus brandies de Jerez, -para embrollar más aún el conjunto de la elaboración- tampoco los jerezanos los sacan de su propio territorio y tampoco los escogen ácidos, flojos y turbios tal como profesan deba ser la base de un Cognac de los Maestros de la Charente. Se los traen limpios y fuertes de la Mancha y de Extremadura, principalmente, y ya destilados. Allí tenemos a las famosas holandas: aguardientes exclusivamente vínicos, de bajo grado y ricos en elementos esenciales para los cuáles son necesarios dos aparatos distintos de destilación. Las alquitaras que se las arreglan sobre un fuego directo y los alambiques que, como dando un toque de chef más altamente cualificado, hacen su cocina al vapor. Y aquí es donde se demuestra el poder de selección de los jerezanos para dar con holandas de calidad. Eso, tampoco les ha llovido como si de un regalo de la naturaleza se tratara. Aunque después de varios siglos de experiencia en el tema lo tengan, como siempre, más a mano que otros... Desde que existen, ¿no han tenido que encabezar a sus prodigiosos vinos buscando aguardientes de calidad? Pues a coger de allí y, como decía antes, a envejecer a estas magníficas holandas de igual manera que sus jereces... Todo ello, me da en la nariz que es para recordar la historia indescifrable del huevo y la gallina.

Y ESTÁ PARA BEBÉRSELO

Comparándose con el uso de otros espirituosos tales como el vodka y la ginebra, el brandy de Jerez de Solera es extremadamente versátil. Pues tanto se puede degustar solo, en estado de soltería íntegra, como tomarse en forma de trago largo o corto. Por ejemplo se combina deliciosamente con licores de chocolate, plátano, coco, menta, anis, crema catalana, crema irlandesa y naranja. Y ¡of! course! que puede ser así mismo la base ideal de dos cócteles antológicos: el Horse's Neck que se prepara en un vaso alto y largo, lleno de cubitos de hielo y con la piel de un limón cortada en espiral, 1 1/2 de brandy, 1 chorrito de Angostura y alargado con GingerAle. Y el Brandy Alexandra que se hace en la coctelera con hielo, 1 de brandy, 1 de crema de cacao oscura y 1 de nata líquida; se agita, se sirve en copa de cóctel y se espolvorea con nuez moscada o con chocolate en polvo.
Y además de poder disfrutarse en la clásica copa balón, también se puede tomar en el típico vaso de whisky ancho y bajo, el Old Fashioned. Y, tal como está permitido saborear un gran whisky de malta, no dude en añadirle algún cubito de hielo pero que éste sea muy duro con el fin de no aguarlo y hecho con agua mineral. Acordémonos que el brandy es un destilado del vino y, un vino servido demasiado caliente pierde aroma, sabor y bouquet. Teniendo una graduación de 35, 40 o 50° es fácil que un brandy de Jerez con su alcohol nos aturda el olfato, riéndose ya en nuestras propias narices un Sherlock Holmes cualquiera.