| Se
tienen noticias de juegos muy similares al tenis actual desde la Antigüedad,
en las civilizaciones griega y romana, y durante la Edad Media, en las
ciudades italianas del siglo XI. Entre los siglos XIII-XIV se introdujo
en Francia el jeu de paume, juego consistente en golpear una pelota con
la palma de la mano, y en el que posteriormente se acabó utilizando
una raqueta. El propio vocablo de "tenis" parece provenir del
verbo francés tenez, expresión utilizada para avisar del
lanzamiento de la pelota, aunque otros afirman que deriva del latín
tenisca o toenia, nombre de la cinta que dividía el campo en dos
mitades en los antiguos juegos romanos. Durante los siglos XVI-XVIII diversos
juegos de pelota, más parecidos al frontón actual, gozaron
de gran popularidad en Europa occidental. En 1873, el mayor Walter Clopton
Wingfield, considerado oficialmente el inventor del tenis moderno, lo
bautizó con el vocablo griego Sphairistiké (´jugando
con bola´) en recuerdo de los antiguos juegos helenos, y fueron
los ingleses, junto con sus colonias (Australia y Sudáfrica principalmente),
quienes extendieron su práctica, seguidos al poco tiempo por Estados
Unidos donde ya en 1874 se construyeron las primeras pistas. No obstante,
durante estos primeros tiempos fue más usual utilizar como pistas
de juego las destinadas a la práctica del croquet, un deporte mucho
más popular por entonces en los países anglosajones y cuyas
superficies de cuidada hierba resultaron ideales también para el
tenis.
En
marzo de 1874, Wingfield redactó las primeras reglas, que establecían
una pista de mayores dimensiones que las actuales, una red elevada por
encima de las cabezas y un sistema de puntuación en el que ganaba
el jugador en llegar primero a quince tantos con su servicio. En 1875
se introdujo la línea de saque y se rebajó la altura de
la red, y dos años más tarde se cambió a una pista
rectangular ya con las medidas actuales (23,77 m de longitud por 8,23
m de anchura), se volvió a bajar la red hasta una altura de un
metro y se marcó la línea de saque a una distancia de la
red de 7,92 m. En 1878 se estableció el sistema de puntuación
moderno, aunque algunos conceptos como la muerte súbita y el segundo
servicio debieron esperar algún tiempo más. Las primeras
reglas sobre las pelotas, que al principio eran de caucho, datan de 1920
y hacían referencia a su dureza, presión y bote.
El
torneo más antiguo disputado, Wimbledon, fue creado en 1877, y
a éste le siguieron el resto de torneos de Gran Slam: Campeonato
Norteamericano en 1881 (futuro Open de Estados Unidos), los Campeonatos
franceses en 1891 (posteriormente conocidos como Roland Garros), y el
Campeonato Australiano en 1905 (futuro Open de Australia), junto a la
Copa Davis en 1900 y la Copa Wightman en 1923, competición disputada
entre los equipos femeninos de Estados Unidos y Gran Bretaña.
En sus primeros tiempos, el tenis fue un deporte elitista
sólo practicado por las clases altas en clubes privados, en contraposición
al fútbol, practicado sobre todo por la clase obrera. El británico
William Renshaw, el primer gran tenista de la historia, contribuyó
a popularizarlo y hacerlo más espectacular en la década
de 1880 mediante la introducción de la volea, un tipo de golpe
que dio mayor dinamismo al juego y que fue posible gracias a la reducción
de la altura de la red en 1882.
El
tenis formó parte del programa de los primeros Juegos Olímpicos
de la modernidad (1896) disputados en Atenas, donde el británico
John Boland se adjudicó sendas medallas de oro en individual y
dobles, en esta última modalidad formando pareja con el alemán
Adolf Traun. En los Juegos de París de 1900 se introdujo la competición
femenina, con victoria de la inglesa Charlotte Cooper, y en Estocolmo,
en 1912, se incorporó la modalidad de dobles mixtos por países.
Durante esta época el dominio correspondió a los representantes
británicos, quienes acumularon un total de diez títulos
olímpicos hasta 1920, seguidos de estadounidenses, franceses y
sudafricanos. El tenis siguió siendo deporte olímpico hasta
los Juegos de París en 1924, pero el creciente profesionalismo,
introducido en 1926 por el norteamericano Charles C. Pyle, llevó
a las autoridades deportivas a suprimirlo del calendario olímpico
y de todos los torneos internacionales organizados a nivel amateur. Durante
los años que duraron las dos guerras mundiales se interrumpió
la disputa de los principales torneos, a excepción del Campeonato
de Estados Unidos.
En
1938, el norteamericano Don Budge se convirtió en el primer jugador
en ganar el Grand Slam, es decir, en adjudicarse los cuatro grandes torneos
en la misma temporada, logro que sólo han repetido su compatriota
Maureen Connolly en 1953, los australianos Rod Laver en 1962 y 1969, Margaret
Mit. Court en 1970, y la alemana Steffi Graf en 1988. En 1963 se creó
la Copa Federación, el torneo femenino por equipos nacionales equivalente
a la Copa Davis masculina. Durante gran parte del siglo, los jugadores
profesionales tuvieron prohibida su participación en los principales
eventos tenísticos, pero en 1968 la Federación Internacional
de Tenis,
organismo fundado en 1913, introdujo los "torneos abiertos"
u Open, en los que podían competir tanto tenistas profesionales
como aficionados. También ese mismo año -1968- el tenis
volvió a formar parte del programa olímpico como deporte
de exhibición, pero desapareció de nuevo hasta los Juegos
de Los Angeles de 1984. En los Juegos de Seúl de 1988 fue readmitido
definitivamente como deporte de competición.
Los
países anglosajones han sido los dominadores tradicionales de las
principales competiciones tenísticas, especialmente Estados Unidos
y Australia, que casi siempre han contado entre sus filas con los mejores
jugadores. Esta
situación comenzó a cambiar a partir de los años
setenta y ochenta con la irrupción de nuevas potencias tenísticas
como Suecia, Checoslovaquia, Alemania, Francia, antigua Yugoslavia, Rusia
y España, países que han aportado grandes campeones en los
últimos tiempos y conquistado numerosos títulos por equipos.
Entre los tenistas españoles, destacaron Lilí Álvarez
en los años veinte y Manuel Santana en los sesenta, pero el auge
vino en la última década del siglo XX, con los hermanos
Sánchez Vicario (Emilio, Javier y Arantxa), Sergi Bruguera, Conchita
Martínez, Alex Corretja y Carlos Moyá, todos ellos ganadores
de algún torneo de Gran Slam y abanderados de una magnífica
generación de jugadores conocida como la "Armada Invencible".
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