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la palabra Tandil se le asignan diferentes significados, entre ellos
"piedra que late", "peñasco que palpita"
o "piedra al caer" que en lengua araucana hacen evidente
referencia a la Piedra Movediza. Hacia el año 1700 el padre
Silvestre De Roxas pasó por la zona y parece haber sido el
primero que dio a conocer el nombre Tandil en un informe al rey.
El Fuerte Independencia, que dio origen al asentamiento que luego
se transformara en la ciudad de Tandil, fue fundado como avanzada
de frontera contra el indio el 4 de abril de 1823 por el gobernador
de la Provincia de Buenos Aires, Brigadier General Don Martín
Rodríguez, hombre de extrema confianza de Bernardino Rivadavia.
La visión de Martín Rodríguez queda expresada
cuando en su comunicación al Gobierno Central decía
en una de sus partes, refiriéndose al pueblo que se delineaba
junto a la fortaleza: "... será un día una ciudad
populosa y rica". Tandil creció como ciudad por la generosidad
de la naturaleza y el esfuerzo de sus habitantes, pero desde sus
orígenes fue mundialmente reconocida por la Piedra Movediza.
Más referencias de antaño las constituyen viajeros
como los extranjeros William Mac Cann y Martin de Moussy. Mac Cann
era un comerciante inglés que salió de Buenos Aires
el 29 de abril de 1847 y volvió el 11 de junio tras recorrer
200 leguas y llegar hasta la Piedra Movediza. El viaje al sur incluyó
el paso por Magdalena, Chascomús, Dolores, Azul, Tapalqué
y Tandil. El viajero inglés hizo descripciones precisas sobre
su paso por Azul, Tapalqué y Tandil. Sobre la piedra decía:"Una
persona un poco medrosa evitaría ponerse a su sombra por
temor a que una brisa precipitara su derrumbe". Toda la información
recabada durante el viaje fue publicada con el título "Dos
mil millas a caballo, a través de las Provincias Argentinas"
por la editorial Smith, Elder & Co. en dos tomos (Londres, 1853).
El presidente Justo José de Urquiza contrató en 1855
al médico francés Jean Antoine Victor Martin de Moussy
(1810-1869) para realizar distintas exploraciones por el territorio
nacional. Durante 5 años recorrió 22.500 kilómetros
y registró observaciones entre las que aparecía la
Piedra Movediza, a la cual describió en 1860: "Esta
piedra gigantesca se halla en equilibrio sobre el pedestal monolítico
que la soporta por un péndulo estrecho y redondeado que se
adapta en una especie de muesca natural que deja, entre la piedra
y su sostén, un espacio vacío".
El ingeniero Moog en 1867 tomó apuntes, realizó prolijos
bocetos y describió a la piedra como "un asombroso monumento".
También en 1867 llegó a nuestro país contratado
por la Universidad de Buenos Aires el genovés Giovanni Ramorino,
de 30 años y doctor en Ciencias de la Real Universidad. Ramorino
realizó diversos estudios para evaluar los campos y su explotación
económica integrando la agricultura a la ganadería.
De paso por Tandil y frente a la mole de granito imaginó
erróneamente su génesis como "un monolito artificialmente
hecho, tal vez por los indios peruanos", tal cual redactó
en un informe del año 1874.
Otra creencia, nunca confirmada, era la que daba cuenta de la supuesta
intención de Juan Manuel de Rosas de derribar la piedra utilizando
bueyes o caballos. La referencia figura en el libro Handbook of
the River Plate (sexta edición) de M.G. y E.T. Mulhall, impreso
en Buenos Aires en el año 1882. Textualmente en la página
88 aparece: "...when Rosas yoked 1.000 horses to displace it
he was unable to do so" es decir "...cuando Rosas juntó
1.000 caballos para desplazarla le resultó imposible".
La misma afirmación figura en la geografía del Dr.
Francisco Latzina manifestando que Rosas ordenó el hecho
"sin que el estúpido experimento diera resultado".
No se recuerda en Tandil ningún testimonio de vecinos que
hubiesen presenciado tales supuestas pruebas.
Tan identificada estaba la sociedad tandilense con la piedra que
numerosas instituciones, entre ellas el propio municipio, la incorporaron
en su logo, también muchísimos comercios, hoteles,
clubes, canteras, fábricas, transportes y emprendimientos
culturales llevaron, y todavía llevan, la imagen y el nombre
de "La Movediza". El "Hotel de la Piedra Movediza"
ocupaba la esquina norte de lo que hoy es el cruce de las calles
Pinto y 9 de Julio. También un comercio ubicado en la esquina
de Sarmiento y 9 de julio lucía una réplica de importante
tamaño. La imagen que sigue corresponde a una ficha de las
que se usaban como medio de pago a algunos canteristas, puede verse
la figura de la piedra y leerse "Cantera La Movediza"
y "Tandil".
Un pintoresco y muy querido personaje de la ciudad llamado Juan
Doufurnet y conocido popularmente como "Pandereta", de
oficio tapicero pero también conocido por su afición
a la música y a la forma alegre y extrovertida en que se
relacionaba con la gente y los niños en particular decía
premonitoriamente que "iba a morir el día que cayera
la Piedra Movediza". Y así fue, su corazón se
detuvo el mismo día que la piedra cayó, pasando así
a formar parte de la historia misma de Tandil y sus misterios.
Diversas
personalidades visitaron la Piedra Movediza: naturalistas de la
talla del Perito Francisco P. Moreno (quien al regreso de su viaje
por la Patagonia expresó: "En mi travesía desde
Patagones, crucé por segunda vez el río Colorado,
y visité Bahía Blanca y Tandil, teniendo así
ocasión de conocer en este último punto la tan célebre
piedra movediza") o Eduardo Ladislao Holmberg (que viajó
a Tandil en tres oportunidades durante los años 1881, 1882
y 1883 para realizar estudios científicos), el Dr. Carlos
Pellegrini, el Teniente General Julio A. Roca, escritores como Santiago
de Estrada o el español Vicente Blasco Ibañez y el
Presidente de la Nación Dr. Luis Sáenz Peña.
El escritor, docente y periodista Ricardo Rojas (16/09/1882-29/07/1957),
que fuera autor entre otras destacadas obras de "La victoria
del hombre", "La argentinidad" y "El santo de
la espada", se encontraba en Tandil justamente al momento de
la caída de la Piedra Movediza el jueves 29 de febrero de
1912. Escribió la noticia para la edición del viernes
1ro. de marzo del diario La Nación, describiendo los momentos
posteriores al desastre y cómo la población recibió
el golpe que significó la pérdida de su icono. Rojas
ya había estado con anterioridad en Tandil, a fines del siglo
XIX, y se había mostrado muy interesado en observar y estudiar
la Piedra Movediza. El trascendente intelectual regresó años
después a la ciudad ya que aquí estaba su novia y
futura esposa, Julia Quinteros, y destinó algunos días
para observar la piedra ocurriendo coincidentemente la desgraciada
caída. Llama poderosamente la atención que el escritor
pudiera elaborar en tan corto tiempo una crónica tan brillante,
se supone que parte de ella ya estaba escrita, y que rápidamente
pudo hacer telegrafiar a Buenos Aires para que se publicara al día
siguiente y de esa forma el mundo entero supiera del terrible acontecimiento.
La Nación tituló "Una catástrofe - La
Piedra Movediza del Tandil".
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