HISTORIAS E INVENTOS
Los Huevos Faberge

Los huevos Fabergé no tienen nada que ver con el chocolate pero simbolizan, al igual que los elaborados con cacao, una nueva vida dentro de la tradición cristiana. El domingo de Pascua fue en tiempos zaristas una de las fiestas más populares de Rusia hasta el punto de que los huevos cocidos y pintados, tradicionales en la gastronomía de esos días, dieron origen a la conocida rama de la orfebrería de Fabergé.
Peter Carl Faberge nació en 1846. Se formó como joyero y relojero en Alemania y después se trasladó a Moscú donde estudió las colecciones del Museo del Hermitage. Su carácter emprendedor le llevó a establecerse por su cuenta siendo muy joven. Su vena creativa la heredó viendo trabajar a su padre. Tras su fallecimiento pasó a sus manos la joyería familiar en San Petersburgo, que por aquellas fechas ya gozaba de cierto prestigio. En 1884 la suerte del orfebre cambió. Su ingenio y creatividad se vieron recompensados cuando el zar Alejandro III adquirió en su joyería un huevo de Pascua para regalárselo a la Emperatriz María, el domingo de Resurrección. La acogida fue tan buena ante una creación tan delicada que el monarca encargó todos los años un huevo para obsequiar a la zarina en esas fechas. El diseño de tan singulares encargos siempre surgió de su imaginación, cada vez más originales y exquisitos. Siempre constituían una auténtica sorpresa para sus clientes, que nunca dieron una directriz ni se quejaron de su iniciativa, quedando siempre admirados por la joya, la belleza de sus esmaltes y la perfección de su trabajo. Además de los huevos por encargo del zar, Faberge diseñó un número indeterminado de huevos, no ya imperiales, para personalidades de relieve mundial como Alfred Nobel. Tradición de zares El zar Nicolás II continuó con la tradición paterna, pero en esta ocasión el encargo se duplicaba: un huevo para su madre y otro para la nueva zarina, Alejandra. La revolución de 1917 acabó con los zares y con los encargos. Con la muerte de los Romanov, Faberge cayó en desgracia. Los bolcheviques le requisaron los talleres aunque el joyero pudo escapar indemne a Suiza. De aquella prolífica producción, que se extendió durante más de 30 años, quedaron para el recuerdo más de 50 piezas, y sólo a ocho de ellas se les ha perdido el rastro. De las 42 restantes, el Kremlin conserva 10; tres piezas forman parte de la colección de la Reina Isabel II de Inglaterra; cinco integran la colección Pratt del Museo del estado de Virginia (EEUU); otro lo posee el príncipe Rainiero de Mónaco; el resto forman parte de colecciones privadas y los nueve restantes, pertenecían a la colección Forbes que ha sido vendida al magnate ruso Víktor Verselberg. Subasta Entre los huevos que salían a subasta en Sotherby´s se encontraba el "Huevo de la coronación", encargado por Nicolás II en la primera Pascua tras su subida al trono en 1897, a los 28 años, que estaba valorado entre 14,2 y diecinueve millones de euros. También figuraba el huevo "Los lirios del valle", entregado por el zar a su esposa Alejandra en 1989 y con un precio estimado entre 9,5 y 14,2 millones de euros. “La colección de huevos Fabergé representa quizás el ejemplo más significativo de nuestra herencia cultural fuera de Rusia", ha manifestado Vekselberg. Pero estas no han sido las únicas piezas adquiridas por el multimillonario del aluminio y el petróleo ruso. La colección del fallecido Malcolm Forbes, editor y dueño de la revista Forbes, estaba valorada en al menos 71,5 millones de euros, y se componía de 180 piezas talladas por Faberge. La colección pasó a manos de Verselberg tras una transacción privada con la galería de subastas Sotherby´s, dos meses antes de que salieran en pública subasta. El multimillonario es considerado el poseedor de la cuarta fortuna de Rusia. Es presidente de las compañías Siberian Urals-Aluminum y Tyumen Oil Company (TNK), y se ha comprometido a ceder todas las piezas adquiridas al Estado ruso, que estudia el lugar más adecuado donde ubicarla. El industrial, de 46 años, subrayó en unas declaraciones el vínculo entre el contenido religioso, espiritual y emocional de los huevos y el alma del pueblo ruso, y explicó que, al saber que iban a subastarse, vio que "era una oportunidad única en la vida para devolver a Rusia uno de sus tesoros”. El último huevo La revolución bolchevique impidió al creador de los célebres huevos Faberge terminar el último encargo del zar. Se trata del huevo "Constelación Zarevich", encargado a comienzos de 1917 por el zar Nicolás II para su hijo, el príncipe heredero, según la directora del Museo del Kremlin, Elena Gagárina. Se trata de un huevo de oro cubierto con una semiesfera de cristal azul de los Urales incrustada con diamantes, que representa la bóveda celeste con la constelación de Leo, bajo la cual nació el zarevich Alexis. Este huevo, que junto a otras joyas de la Casa Fabergé de San Petersburgo fue confiscado por los bolcheviques, durante décadas permaneció como una pieza más, oculta en el Gosfond, fondo estatal de obras de arte y objetos de valor. Al huevo le falta el mecanismo y algún detalle que han dejado la obra del artista incompleta. Pero la Casa Fabergé no sólo confeccionaba huevo para los zares. Su delicadeza a la hora de manejar los metales preciosos les sirvió para convertir los objetos cotidianos en joyas de gran valor realizadas especialmente para La Casa Imperial. Los joyeros convirtieron presillas, botones, estilográficas, lápices, alfileres de sombrero, saleros, portaplumas, barómetros, abrecartas, relojes y otros objetos en obras de arte de orfebrería
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