| El maestro Juan Carlos Pallarols, un orfebre de 64 años aprendió el arte de la voz y la mano de su abuelo catalán que llegó al país a principios del siglo pasado. En su taller de San Telmo, donde se tallan obras de arte y sueños, se talló las dos piezas de plata del bastón presidencial: la empuñadura y el modesto regatón que apoyará en los pisos. El modelo es de 1982, cuando la democracia estaba a punto de ser recuperada.
Desde 1932, el bastón que Uriburu le entregó a Justo, los bastones presidenciales eran de caña de malaca, con empuñadura de oro macizo y el Escudo con esmalte de Limoges. Y borlas, que en heráldica son un símbolo de religiosidad o de monarquía. Pallarols diseñó uno todo de plata, empuñadura y regatón, con veinticuatro cardos tallados, uno por provincia, y el Escudo en oro. Elege la plata porque de allí toma el nombre nuestro país, del argentum. Y el oro porque es masculino, para que fecunde a la plata y simbolice a la familia en ese bastón que no es del presidente, es nuestro y se lo prestamos.
Los bastones presidenciales, que Pallarols dona al Estado, tienen una historia rica y polémica entre orfebres, artesanos, joyeros y funcionarios que será, alguna vez, motivo de otra nota. Pero...¿Cuántos bastones se preparan teniendo en cuenta la variedad de candidatos? Siempre se prepara uno. Este bastón será igual a los otros, tiene tallados tres cardos más, por las islas del Atlántico Sur, y está hecho de una varilla de urunday rubio, que es una madera del norte argentino, muy barata, pero muy noble. Se usa en tranqueras, para hacer postes de alambrado y es resistente al agua, al sol, al frío, al calor; no se quiebra, no se dobla, no se rompe; no se corrompe porque no lo ataca la polilla, ni la carcoma. Y con un pulido mínimo brilla sin necesidad de laca o de barniz. Cuando Pallarols entrega el bastón a los presidentes, les dice: "Presidente, sea como esta madera", que es dura, recta, no se corrompe y que brilla por su propia savia.
Esta es la primera vez que hubo que diseñar uno para una mujer ya que no hubo tiempo de diseñar uno para María Estela Martínez de Perón, pero no habrá grandes cambios. Los bastones son, siempre, todos iguales. Miden noventa y cinco centímetros de largo. Después se hacen ajustes, claro. No tenían el mismo largo el bastón de De la Rúa que el de Menem. El de Menem y Duhalde anduvo por los ochenta y siete, ochenta y ocho centímetros. El de Duhalde y el de Kirchner por los noventa y tres. El bastón de Cristina Fernández es de ochenta y ocho centímetros.
El nuevo bastón del futuro mandatario argentino, será igual a todos con una excepción: su empuñadura de plata habrá sido cincelada por muchos de los habitantes del país a los que tendrá que gobernar, y algunos extranjeros famosos, una idea de Pallarols que une al tallado de una efigie de plata de Eva Perón. Miles de personas dieron más de un golpecito en la empuñadura del bastón presidencia ya que considera que un trabajo en común de este tipo nos ayuda a que estemos más unidos. Es mejor trabajar juntos que estar peleados...
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