El maestro Juan Carlos Pallarols, un orfebre de 68 años aprendió el arte de la voz y la mano de su abuelo catalán que llegó al país a principios del siglo pasado. En su taller de San Telmo, donde se tallan obras de arte y sueños, se talló las dos piezas de plata del bastón presidencial: la empuñadura y el modesto regatón que apoyará en los pisos. El modelo es de 1982, cuando la democracia estaba a punto de ser recuperada.
Desde 1932, el bastón que Uriburu le entregó a Justo, los bastones presidenciales eran de caña de malaca, con empuñadura de oro macizo y el Escudo con esmalte de Limoges. Y borlas, que en heráldica son un símbolo de religiosidad o de monarquía. Pallarols diseñó uno todo de plata, empuñadura y regatón, con veinticuatro cardos tallados, uno por provincia, y el Escudo en oro. Elege la plata porque de allí toma el nombre nuestro país, del argentum. Y el oro porque es masculino, para que fecunde a la plata y simbolice a la familia en ese bastón que no es del presidente, es nuestro y se lo prestamos.
Los bastones presidenciales, que Pallarols dona al Estado, tienen una historia rica y polémica entre orfebres, artesanos, joyeros y funcionarios que será, alguna vez, motivo de otra nota. Pero...¿Cuántos bastones se preparan teniendo en cuenta la variedad de candidatos? Siempre se prepara uno. Este bastón será igual a los otros, tiene tallados tres cardos más, por las islas del Atlántico Sur, y está hecho de una varilla de urunday rubio, que es una madera del norte argentino, muy barata, pero muy noble. Se usa en tranqueras, para hacer postes de alambrado y es resistente al agua, al sol, al frío, al calor; no se quiebra, no se dobla, no se rompe; no se corrompe porque no lo ataca la polilla, ni la carcoma. Y con un pulido mínimo brilla sin necesidad de laca o de barniz. Cuando Pallarols entrega el bastón a los presidentes, les dice: "Presidente, sea como esta madera", que es dura, recta, no se corrompe y que brilla por su propia savia.
Esta es la segunda vez que hubo que diseñar uno para una mujer ya que no hubo tiempo de diseñar uno para María Estela Martínez de Perón, pero no habrá grandes cambios. Los bastones son, siempre, todos iguales. Miden noventa y cinco centímetros de largo. Después se hacen ajustes, claro. No tenían el mismo largo el bastón de De la Rúa que el de Menem. El de Menem y Duhalde anduvo por los ochenta y siete, ochenta y ocho centímetros. El de Duhalde y el de Kirchner por los noventa y tres. El bastón de Cristina Fernández es de ochenta y ocho centímetros.
Desde la vuelta de la democracia en 1983, Pallarols fue quien realizó los bastones para los presidentes. Y el que Cristina recibirá, no es la excepción. En su confección, Pallarols viajó por más de 100 ciudades en todas las provincias durante un año, para que la gente ayude al cincelado. ¿El resultado? Más de 3 millones de personas dieron su golpecito en la obra.
“Lo que más le entusiasmó a la gente fue formar parte de la construcción. Ellos se sienten dueños, y realmente lo son, porque es el pueblo el dueño del bastón que va a usar durante cuatro años el primer mandatario”, explica el artesano.
El especialista notó que la emoción fue la misma tanto en las grandes ciudades como en los lugares más remotos. “Fue un año pleno de emoción, de una tarea tan gratificante que no hay premio mayor para mí que haber hecho esto”, confiesa.
Los que participaron del cincelado masivo también firmaron un mensaje en unos libros que Pallarols le regalará a Cristina. “Para nuestro próximo Presidente, que este bastón le de fuerza y coraje” o “Gracias maestro por compartir este momento histórico con todos nosotros”, son algunas de las firmas.
En estos años, el hombre sólo modificó la confección de los destinados a los segundos mandatos (Carlos Menem y Cristina Kirchner). “Este último, a diferencia del anterior, lleva la sigla CK 2011-2015. Y en el caso de Menem, le grabamos en la cúspide de la empuñadura el sol del 25 de Mayo. Esto porque había muerto unas semanas antes su hijo y me dijo que lo dibujaba siempre en el colegio”, declara.
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