| HISTORIAS
E INVENTOS |
| 24
de marzo de 1976 |
| Como
Proceso de Reorganización Nacional se autodesignó
la dictadura militar que gobernó la Argentina entre 1976
y 1983, a consecuencia del golpe de estado producido el 24 de marzo
de 1976 que depuso al gobierno democrático de María
Estela Martínez de Perón, instalando en su lugar a
una junta militar encabezada por los comandantes de las tres fuerzas
armadas: Jorge Rafael Videla (ejército), Emilio Eduardo Massera
(armada) y Orlando Ramón Agosti (fuerza aérea).
La junta llegó al poder en un contexto de violento enfrentamiento
entre las facciones izquierda y derecha del movimiento peronista;
en creciente tensión desde la década del '60, se habían
agravado durante el tercer mandato de Juan Domingo Perón
y exacerbado a su muerte. Continuando el Operativo Independencia
que la viuda de Perón había ordenado, la junta llevó
a cabo una guerra sucia contra la oposición de izquierdas;
con el apoyo del gobierno estadounidense —cuyo secretario
de estado, Henry Kissinger, avaló expresamente el recurso
a medios violentos para erradicar la "amenaza del comunismo"—,
el gobierno secuestró, torturó y asesinó miles
de disidentes y sospechosos políticos de toda índole,
incluyendo a médicos y abogados que ofrecieron apoyo profesional
a los perseguidos, y estableció centros clandestinos de detención
para llevar a cabo estas tareas.
La falta de apoyo al gobierno militar los llevó a emprender
la guerra de Malvinas contra el Reino Unido, intentando movilizar
así la oposición contra el exterior. La derrota infligida
marcó el fin político de sus dirigentes, y meses más
tarde se llamó a elecciones, en las que triunfó el
candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl
Alfonsín. Los líderes del Proceso fueron enjuiciados
por los delitos cometidos durante su gobierno, y condenados a largas
penas de prisión. Fueron indultados por Carlos Menem pocos
años más tarde.
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| Inicio
del proceso |
| Los
autores e ideólogos del golpe emplearon este nombre para la
fractura del orden jurídico y la dictadura surgida de ella
como justificación, argumentando que el orden democrático
era insuficiente y que se requería de la fuerza para restablecer
la paz en la Nación. Se inicia con un credo neoliberal en lo
económico y con la supuesta intención de terminar con
la actividad de las organizaciones guerrilleras. Esta excusa, en realidad,
sirvió para reprimir en forma sistemática toda forma
de protesta social, implementandose un régimen de terrorismo
de estado; entre sus primeros actos se contaron el establecimiento
de la pena de muerte a los acusados de subversión, la suspensión
de las libertades ciudadanas, la disolución del Congreso, la
remoción de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, la
intervención de los sindicatos obreros y las universidades,
la proscripción de la actividad partidaria y la censura de
los medios de comunicación. |
| La
guerra sucia |
A
partir del mismo, decenas de miles de argentinos fueron secuestrados
o encarcelados sin causa, centenares de miles se vieron forzados al
exilio, y un número no determinado que los organismos de derechos
humanos estiman en el orden de 30.000 (8.961 casos están documentados
en el informe oficial «Nunca Más», de 1984, aunque
el mismo informe deja claro que "es -inevitablemente- una lista
abierta") fueron detenidos sin juicio previo, torturados y asesinados
o continúan "desaparecidos". El golpe fue recibido
con alivio por algunos sectores de la sociedad, ya fuere porque no
se percataron de las consecuencias que el golpe habría de acarrear,
o porque resultaban beneficiarios directos de la política de
extrema persecución y violencia impuesta por la dictadura.
Estas acciones de represión ilegal constituyeron la llamada
guerra sucia y dejaron a las Fuerzas Armadas (sin sustento constitucional
eran simples "bandas armadas") en una situación de
ilegitimidad e ilegalidad similar, o aun peor, que las otras fuerzas
irregulares a las que supuestamente se intentaba combatir. |
| Fin
y consecuencias del proceso |
Jaqueado
por las crecientes protestas sociales, la presión internacional
por las violaciones a los derechos humanos, y la derrota en la guerra
de las Malvinas, el autodenominado "Proceso" cayó
finalmente en 1983, viéndose obligado a llamar a elecciones
Reynaldo Bignone, el último líder de la Junta Militar.
Durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín
(1983 - 1989), se juzgó y condenó a algunos de los principales
responsables del terrorismo de estado en el llamado Juicio a las Juntas.
Sin embargo, el proceso de juzgamiento de los crímenes no continuó
hasta alcanzar a todos los responsables; cediendo a las presiones
de sectores militares (y también de algunos sectores civiles)
el gobierno de Alfonsín promulgó las leyes de Obediencia
Debida y Punto Final, las cuales extinguieron las acciones penales
contra los participantes de la llamada Guerra sucia.
El 15 de abril de 1998 se derogan las leyes de amnistía por
la ley 24.952
El 2 de septiembre de 2003, la ley 25.779 declara "insanablemente
nulas" (Artículo 1º) a las leyes de Obediencia debida
y Punto final.
El 14 de junio de 2005, la Corte Suprema de Justicia de la Nación
declaró la inconstitucionalidad de las leyes mencionadas anteriormente,
además de establecer la validez de la ley de nulidad. |
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